Arena Parking. Matías Duville

11-Matías Duville-Arena Parking

Artista: Matías Duville
Título:  Arena Parking
Dónde: Sala Cronopios, Centro Cultural Recoleta
Fechas: 14 de mayo al 7 de junio 2015

07-Matías Duville-Edificio

15-Matías Duville-Escenario-proyectil

Texto, galería de imágenes y links

Nothing but flowers

This used to be real estate, not it’s
only fields and trees
.
David Byrne et alli, 1988

O regime semiótico do mito, indiferente à verdade ou falsedade empírica de seus conteúdos, instaura-se sempre que a relação entre os humanos comeo tais e suas condições mais gerais de existencia se impõe como problema para a razão.
Eduardo Viveiros de Castro e Déborah Danowski, 2014

o.A. “grosso modo”

Para la tradición humanista, los paisajes se definen, en líneas generales, por la fricción entre lo natural y lo humano. Existen porque el hombre, animal de narrativa, memoria y lenguaje, asigna y asocia significados a las características ambientales, topográficas y climáticas que lo rodean. Gracias a esta fricción, lo cultural y lo natural están irreversiblemente fundidos en una amalgama que constituye y contextualiza a los sujetos y a las formas que vemos cuando miramos a nuestro alrededor.

Partiendo de lo natural, el ambiente absorbe y responde a las intervenciones directas, tanto intencionales como no, en sus formas, flora, fauna, temperatura. También como expresión cultural, es expuesto al paisaje del tiempo y revuelto por flujos y reflujos de ideas, recuerdos y valores de aquellos que lo habitan. De esa manera, el paisaje se da como uno de esos inevitables efectos colaterales de la vida humana.

Si esto es de tal modo en líneas generales, ¿sería posible pensar en ex-paisajes? Si la ocupación del espacio termina, si la vida se hace imposible, si las comunidades y las civilizaciones mueren, ¿los restos simplemente permanecen a disposición de futuros visitantes para que ellos creen nuevos paisajes con sus experiencias? En ese caso, ¿un paisaje que ha perdido sus agentes no se revelaría a aquellos que llegaran subsecuentemente como un paisaje pasado: un cadáver, un ataúd, una crisálida abandonada?

En esos casos, sumadas a las propiedades físicas y ambientales de un lugar están las marcas contempladas y los signos excavados por arqueólogos o recolectados por buceadores, Estas son huellas sociales, antropológicas y cosmológicas a veces más viejas que los árboles y que la topografía visible en el presente. Como uno puede apreciar de manera monumental o heroica en el Delta del Nilo en el Valle de México, un lugar deshabitado se transforma en dos paisajes, uno sobre el otro. Aquel que se siente en el presente y aquel que está impuesto como una ruina, como un ex-paisaje. Y no siempre esa dinámica se desarrolla tan imperiosamente como en las tierras de las grandes civilizaciones. Hay también ex-paisajes en donde todo es un enigma indescifrable, como en las regiones de pinturas rupestres; así como también existen aquellos en donde las huellas se desvanecen rápidamente y en donde sólo sobreviven en los límites de la percepción, como en los hielos y en las nieves eternas del Polo Norte o en las profundidades de la Selva Amazónica.

1. Ex-paisaje atávico

Matías Duville posee una experiencia atávica por ende prosaica de los procesos que involucran la colección, el palimpsesto y el borrado de los paisajes. Cada otoño, la ciudad en donde creció, Mar del Plata, preparada para albergar a dos millones de personas, cae en el silencio. Los veraneantes que cuadruplican la población local desaparecen con el sol del verano, dejando detrás hoteles semivacíos, clubes nocturnos cerrados, bares desiertos, esquinas desoladas. Melancolía y oportunidad, ya que el paisaje abarrotado durante las vacaciones sobrevive lleno de vacíos que son a la vez espacios para contra-usos y fantasmas de lo que recién ha dejado de ser.

La repetición anual de esta experiencia debe haber proyectado su sombra sobre la forma en que Duville relaciona los paisajes y los hábitats. Sus obras demuestran reiterativamente la busca o, aun más, la construcción, de ex-paisajes. Para dibujar, en 2008, primero imaginó, luego viajó y finalmente rememoró la vastedad helada de Alaska, un horizonte suspendido entre el horizonte indeterminado y el futuro. Para hacer una casa, se fue a un campo en Junín, en donde erigió una cabaña en ruinas: sus muros colapsados yaciendo en la tierra, sujeta al clima y al crecimiento vigoroso de la vegetación (Hogar, desde 2011). En ambos casos, los lugares eran espacios sin nombre, disponibles para la proyección de narrativas gracias a su condición de estar fuera de la temporalidad lineal de los relojes y los calendarios.

De las obras que Duville ahora muestra en Buenos Aires, la gran instalación que ahora ocupa el espacio central, superficie ondulada de asfalto que cubre un número indeterminado de objetos irreconocibles, hace pensar en una ruina absurda en donde las malas hierbas no surgieron de las grietas del material sin mantenimiento, sino que el asfalto fue vaciado sobre los residuos de una civilización fracturada para dar lugar a un tosco estacionamiento. Como en otras instalaciones de Duville, esta figura ficcional y misteriosa funciona como los proyectiles de lo que ya es o podría llegar a ser un ex-paisaje.

Al lado, un conjunto de más de una docena de dibujos se puede llegar a interpretar como una colección de diagramas sin pretensiones, esquemas o incluso alegorías de una extensa naturaleza, de gran alcance, que en el contexto de la obra de este artista evocan el pasado enterrado por nuestra civilización o el futuro lo hará cuando nos hayamos ido. La interpretación musical que acompaña a los dibujos tal vez pueda hacer que tiendan con mayor fuerza a la nostalgia o a lo sublime post-apocalíptico.

También hay que resaltar el video Escenario-Proyectil establecido entre el carácter prosaico de una bahía con barcos en la noche y el drama apocalíptico de los relámpagos que rasgan la oscuridad. Como en muchas de las obras de Duville, este video involucra un juego de escalas invertidas y ambivalentes. Lo que ahora parece pequeño, luego es exagerado al lado de otros elementos de la escena. Incluso los mismos elementos que usualmente serían extraños a la situación -los relámpagos son los que hacen a la escena comprensible y reconocible; porque, antes de los relámpagos, los puntos luminosos podrían ser cualquier cosa, ventanas en un horizonte de una ciudad, velas en un campo, luciérnagas en el jardín. Aquí, sobre todo en virtud de la actitud documental de la grabación, no hay ninguna escena de ruinas en sí, sino una atmósfera de expectación y extrañeza en vista de algo supuestamente natural e inofensivo. Escenario-proyectil establece un lugar en el que las ideas de paisaje, horizonte, naturaleza y territorio serán definidas por las relaciones entre las partes que contrastan entre sí en frágil equilibrio.

2. Escenario-proyectil

Las escenas que aparecen en las instalaciones, dibujos, objetos y videos que muestra Duville revelan instantes de lo que podría permanecer de nuestro mundo cultural si fuera privado de significados y funcionalidades aplicables. Aquello que restaría de los objetos y lugares sin nuestra proyección de sentido y conexión lógica. Esto se percibe en las absurdas yuxtaposiciones compuestas por el artista y se refuerza en la áspera ejecución de líneas y gestos. La abrupta y cruda yuxtaposición corta la continuidad usual entre los signos y los sentidos y al mismo tiempo desvía la atención de cualquier virtuosismo compositivo. Aliadas a los elementos que traen horizontes y ambientes naturales a la mente, estas características describen topografías super-entrópicas, den donde el desorden ha suplantado a la organización antrópica del territorio.

En el límite, la suma de sus obras esboza la manera en que uno podría imaginar el paisaje liberado de la humanidad (y, por supuesto, de la presuposición humanística que separa lo natural de lo cultural). Una mitología del mundo sin nosotros. En esta alusión, que probablemente subyace en el discurso del artista, él no está solo. Por todos lados oímos a la gente lanzando diatribas sobre como el planeta so tornará un lugar inhabitable para la humanidad. En la películas de Hollywood, en conferencias internacionales, en tesis doctorales, en artículos ilustrados publicados en semanarios. Pero eso no es todo, como adecuadamente recuerdan Viveiros de Castro y Danowski en el ensayo reciente Há mundo por vir?: “No son sólo las ciencias naturales y la cultura de masas alimentada por ellas, las que se están registrando a la deriva del mundo. Incluso en la metafísica, notoriamente la especialidad filosófica más etérea, comienza a reverberar una inquietud generalizada. En los últimos años, hemos sido testigos, por ejemplo, del desarrollo de nuevos y sofisticados argumentos conceptuales con la intención de “terminar con el mundo” en sus propios términos. Tanto sea el mundo como el ineludible mundo-para-la-humanidad, de manera tal que se justifique el acceso epistemológico completo al “mundo sin nosotros”, que estaría articulado completamente dentro de la jurisdicción del Entendimiento, o para terminar con el mundo-como-sentido, y así determinar El Ser como pura e indiferente exterioridad: como si el mundo “real”, en su raíz de contingencia e insignificancia, pudiera ser “realizado”, en contra de La Razón y del Sentido.”

Paulo Miyada, febrero de 2015

PS Este texto es una revisión adaptada del ensayo que originalmente acompañó la muestra de Matías Duville en Galería Luisa Strina (San Pablo, febrero de 2015)

Galería de imágenes

Links:
Matías Duville
Centro Cultural Recoleta

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