Bellos Jueves, 5ta edición 2015. Magdalena Jitrik, Oligatega, Paz Encina

Bellos Jueves-Oligatega-Qué útil la extinción-14

Artistas: Magdalena Jitrik, Oligatega, Paz Encina
Título: Bellos Jueves, 5ta edición 2015
Dónde: Museo Nacional de Bellas Artes
Fecha: 27 de agosto 2015

Bellos Jueves-Magdalena Jitrik-Black Panthers-10

Bellos Jueves-Paz Encina-Hamaca Paraguaya-29

Galería de imágenes, texto y links

Texto

Bellos Jueves nació en abril de 2014 con el objetivo de entrecruzar el patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes con proyectos de artistas y músicos contemporáneos. El último jueves de cada mes entre las 19 y las 23.30, el MNBA abre sus puertas con intervenciones de artistas, música en las salas y terrazas, visitas rapeadas, videos y otras actividades.

Lejos de pensarse como una exhibición, este año el ciclo propone una serie de ensayos en relación a la museografía de la colección permanente y se piensa en vínculo con el numeroso público que visita cada edición. El carácter efímero de Bellos Jueves condiciona cada proyecto y desafía la temporalidad a la que están habituadas las artes visuales.

La importancia del ciclo reside en la invitación a artistas a pensar o problematizar a través de sus intereses y proyectos algún momento de la historia del arte, desde la colección del MNBA, interrumpiendo la linealidad con la que se presentan habitualmente las exhibiciones.

Black Panthers
Sala 2, 10 y 24
Magdalena Jitrik

Los Black Panthers fueron una organización política afroamericana que surgió en California en 1966. Bajo el Programa de los diez puntos determinaron reclamos básicos para su comunidad: libertad, salud, educación, vivienda, justicia e igualdad. Fueron perseguidos por el FBI, arrestados y asesinados, hasta su disolución.

Las obras que presenta Magdalena Jitrik para este Bellos Jueves son una serie de retratos de los Black Panthers en relación a dos salas de la colección permanente del MNBA. Por un lado, la sala que alberga un gran número de pintura francesa de finales del S XIX. Allí se encuentran El primer duelo de William Adolphe Bouguereau, Floreal de Louis Joseph Raphaël Collin y Los primeros funerales de Louis-Ernest Barrias. Los cuerpos blancos y luminosos contrastan con las figuras de los Black Panthers, y la ausencia de la pincelada de la pintura francesa con los colores planimétricos y saturados de la obra de Jitrik. En la sala dedicada al arte argentino de la generación del ochenta el grupo de retratos a lápiz de Bobby Sale, Huey P. Newton, Assata Shakur y Bunchy Carter, integrantes de los Black Panthers, acompañan a la solitaria figura de esclavo del escultor Francisco Caffarata. En una sala donde pinturas como La vuelta del malón o Sin pan y sin trabajo cobran protagonismo, los trabajos de Jitrik vienen a enfatizar aquello que permanece imperceptible: la presencia negra en la colección MNBA. Acompañan este conjunto una tela que representa una forma piramidal, como un gran templo precolombino que contrasta con la pintura de Della Valle, donde el indígena se presenta como un saqueador, clara imagen de la barbarie.

Como una museografía alternativa, en la sala de arte europeo de los siglos XV y XVI se presenta un gran árbol del que se suspenden una serie de pinturas geométricas. Alejadas de la mirada de cualquier espectador, parecen salvarse de reposar planas en la pared, sin ningún indicio de movimiento.

Qué útil la extinción
Salas 28, 33, 35, 36
Oligatega Numeric

Un terror parecido al que empuja a esas megaestrellas corporativistas de la música a refugiarse en un “arte mayor” cuando sienten bajo sus pies los bamboleos de la secular industria discográfica (un terror que las lleva a formar colecciones de arte contemporáneo, sacarse selfies en el Louvre y hacer canciones que hablen de Koons), parece haber sido el punto de origen de Oligatega Numeric.Porque se fundó en 1999 -hace casi 16 años, número improbable para un colectivo artístico de cualquier época- se suele decir que es, como el club del trueque y las faenas improvisadas en las rutas, un producto de la crisis de 2001: una táctica de supervivencia, un transplante de riñón, agarrarse de una rama cuando sube el río. Como las selfies de Jay-Z y Beyoncé con la Gioconda, son reflejos adaptativos productos del terror.

Oligatega se consolidó, en un momento de particular y extendida miseria, como una solución comunitaria para poder ser y vivir como artistas cuando las condiciones políticas no lo permitían. En ese sentido representan al colectivo artístico tradicional argentino. En casi todos los otros sentidos, no: Oligatega no es multitudinario, no es doctrinario, no es clandestino, tiene estilo, es asocial.

Como el eslabón perdido entre las dos formas culturalmente predominantes de vivir creativamente (la del siglo XX: la banda de rock; la del siglo XXI: el artista visual), Oligatega entra y sale de la ficción del soporte.

Cuando se apagan las luces de la Historia todo se entrelaza en un solo cuento que es a la vez material y verboso, incoherente, hermafrodita. Para Oligatega, una pantalla de LCD o un marco chamuscado ocupan el mismo lugar que el cine o la literatura en la jerarquía horizontalista de la chatarra. Su objetivo final -lo sepan o no- es arrastrar también al arte a esa zona de promiscuidad técnica y narrativa que ocupan los artefactos obsoletos.

Al igual que los trenes que circulan eternamente por las mismas estaciones, de terminal a terminal hasta que un asteroide gigante o una administración gubernamental antifederalista destruyan la red ferroviaria, Oligatega empezó en un museo (en 2000, en MAMBA) y ahora vuelve a otro. Pero después de un prolongado periodo de inactividad, este retorno se siente menos como una venganza -contra la obsolescencia programada, contra la flauta mágica de las instituciones, contra la moda- y más como algo verdaderamente inevitable: como el negro del espacio, como la soledad de una emisora cósmica que, superado el primer reflejo adaptativo, ahora sí ya se acomoda para transmitir una única canción de dos acordes, en forma de ondas hacia el vacío, pase lo que pase, hasta la extinción del carbono y de todas las imágenes. Sin nadie que venga a apagarla y quizá sin nadie que la sintonice.

Alejo Ponce de León

Sala 24
Paz Encina

Hamaca Paraguaya es la historia de Cándida y Ramón, un matrimonio de ancianos que esperan la llegada de su hijo de la guerra del Chaco. La escena transcurre el 14 de junio de 1935 en la selva paraguaya. Un plano fijo capta el diálogo de la pareja baja la lluvia, mientras el ladrido constante de un perro se oye por detrás. Este corto derivó en el posterior largometraje que lleva el mismo nombre estrenado en 2006.

Links:
Hamaca Paraguaya, película completa en guaraní con subtítulos
Paz Encina
Magdalena Jitrik
Oligatega
Museo Nacional de Bellas Artes

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