Liebe. Carolina Magnin

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Artista: Carolina Magnin
Título: Liebe
Dónde: Fondo Nacional de las Artes
Fechas: 8 de septiembre al 9 de octubre 2015

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Texto, galería de imágenes y links

La pequeña luz roja, alargada y vertical, vigilaba la sala como una amenaza muda.”
Thomas Mann, La Montaña Mágica, Berlin, 1924.

Hombres y mujeres posan ante una cámara supuestamente anodina. El espectro de expresiones de sus rostros es de tono tenue, frecuencia baja: resignación, tristeza, desencanto, vacuidad. Si acaso hubo algún tipo de resistencia a ser tratados como objetos, a ser meros exhibidores de signos de emblemáticas patologías, ningún rastro quedó de la batalla, excepto la consideración de la derrota. En las imágenes que Carolina Magnin selecciona, hojeando atentamente material médico de archivo, cualquier atisbo de dolor se disimula. Se trata de un sufrimiento introvertido, enmascarado.

Magnin utiliza la tecnología contemporánea -no exenta de un matiz retro- para emprender una tarea de restauración afectiva. Imprime aquellas imágenes sin nombre sobre vidrio y tela de gasa, la misma que utiliza la enfermería. En el proceso de impresión los signos de la enfermedad se suavizan tanto hasta volverse secundarios, no más visibles que una arruga de la piel, que una raya de la fotografía original, un disturbio en el proceso de escaneado o un resto de suciedad en la superficie de la diapositiva. Son datos marginales, subordinados a la mirada del modelo que ahora acapara la atención del espectador. Carolina Magnin actúa como una vengadora sutil, una especie de justiciera de bajo perfil.

No es casual que Magnin prefiera la gasa como soporte de sus imágenes. Material frágil, translúcido, elemento infaltable en los procesos de curación. Tela que viene a proteger la herida, tela que es mortaja y también vendaje de los boxeadores antes de calzarse el guante para la pelea. Siempre, realizar un vendaje exige dulzura y delicadeza. También el vidrio a secas, el vidrio desnudo, en su rigidez y extrema delgadez, sin marco que lo proteja, lleva implícita la promesa del estallido, del quiebre y de la astilla. La fragilidad es siempre percibida en relación a una futura catástrofe: en el caso de la tela es el desgarro, en el del vidrio es el quiebre; en ambos casos está íntimamente ligada a la premonición.

Así como las marcas del proceso de impresión se mimetizan con las patologías de la piel, el soporte translucido integra a su superficie aquello que cubre pero no tapa ni ocluye. Le Corbusier quería una casa que respirara a través de sus grietas, que envejeciera en sus emparches y rajaduras. Todas las cosas tienen piel. Y toda piel es un mapa de sucesos vitales. La obra de Magnin es capaz de deslizarse entre dos extremos: el retrato, género histórico e imágenes más difíciles de clasificar, abstracciones que hacen pensar en terrenos ignotos, difusos. Más que fragmentos de cuerpos, las abstracciones de Magnin nos transportan a una arqueología del paisaje. El paisaje entendido como estado de ánimo.

Organiza pequeñas situaciones íntimas donde intervienen artefactos médicos, un clima en el que la tensión es la clave que la artista orquesta con inteligencia, sin ahorrarnos incomodidad.

Por último, Carolina Magnin pronuncia la palabra mágica, inmediata restauración empática: liebe. Liebe significa “querido” en alemán. Querido.

Verónica Gómez

Galería de imágenes

Links:
Carolina Magnin
Fondo Nacional de las Artes

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