Ojo. Marcia Schvartz

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Artista: Marcia Schvartz
Título:  Ojo
Curadores: Roberto Amigo, Gustavo Marrone
Dónde: Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat
Fechas: 20 de octubre al 22 de enero 2017

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Galería de imágenes, textos y links

Textos

El filo del hacha
Roberto Amigo (fragmento del texto curatorial)

El ojo resuelve qué elegir dentro de la tradición, juzga la variación y la ruptura, guía la mano del artista. El ojo del artista decide, en soledad, el instante en que la obra ha terminado, cuando antes se enfrentaba al vacío y a los momentos de duda. El ojo de Marcia mira la realidad, pero es un ojo afirmado en el pasado y en el presente de un territorio común con el otro. Es el ojo que se abre iracundo y, a la vez, festivo.
El ojo que recibe los estímulos del exterior, la visión que discrimina colores y formas, que se adapta a la luz y percibe la profundidad y el relieve. Se trata, aquí, de la visión de Marcia frente al ojo común. Aquello que alumbra lo que no vemos y, sin embargo, está. Porque el ojo que, según santo Tomás, no ve puede llamarse equivocadamente ojo, tal como el cadáver sólo puede llamarse.

La realidad para Marcia es cualidad de los fenómenos en los que no reconoce una existencia ajena a su propia vida y, además, hace partícipe al espectador del artificio, logrando que acepte su propuesta de realidad. Así, El tren fantasma es la unidad entre historia y biografía, la exteriorización de una voluntad. No es solo la creencia sobre la realidad, que es una construcción discursiva colectiva, sino la impronta biográfica que constituye el nexo sensible con ese pasado, tan difícil de asir desde la razón. Cuarenta años después este conjunto de grandes pinturas ensamblajes funciona como preludio a su obra del exilio en Barcelona. Es un relato visual de la historia biográfica desde una comprensión reflexiva del derrotero argentino condensado en la figura de Isabelita. Marcia se enfrenta no a ese pasado, sino a los restos acumulados del pasado en nuestra vida cotidiana. Por ello, el modo de representación logra, con su acumulación omnívora, dar cuenta de esa persistencia. En cierta forma, Marcia asume compositivamente el basurero de la historia. No ofrece una salida a la persistencia de ese momento como quiebre en nuestra cultura: solo convierte a las voces internas en una visión apocalíptica, en el ejercicio de plantarse antes del abismo, de condensarlo en la oscuridad privada de lo público. Logra una poética de un enorme peso, anclada en su gravedad, sin ninguna concesión ni benevolencia. […]

El espectador es obligado a retroceder para poder observar la totalidad y para luego reconocer, al volver a acercarse, las decenas de objetos que la constituyen. Marcia, por medio de esos montajes, ha logrado una manera de nombrar el mundo. Ante su obra surge la imposición de ser varios: interpelación a plantarse de manera distinta frente a cada una de las obras, porque postulan roles distintos al espectador desde los recursos compositivos. De esta manera, nos obliga a ser partícipes. A completar los relatos que superan la anécdota y asumir la historia de una generación.

El tren fantasma despliega la ficción de los sueños y pesadillas argentinos, un preámbulo del horror que es el horror en sí mismo, un teatro de títeres fantasmal, un retablo barroco popular entremezclado con los despliegues de un rito esotérico. Hay una decisión estética hacia la teatralidad, resultado de pensar la obra para un público amplio –no para el simple conocimiento erudito de la crítica–. […] Marcia, pintora de enorme oficio, deja testimonio de ese hacer en las figuras. No porque postule un no-hacer pictórico como una expansión contemporánea del concepto de pintura, sino porque la violencia histórica no permite a la pintura asumir la capacidad de sustitución. Así, la necesidad del instalar el objeto real, tangible, frente al espectador, instaura la idea de que los rastros de esa violencia perduran en nuestra sensibilidad de lo cotidiano.
[…]
Las cerámicas, a pesar de su autonomía como objetos, son fragmentos del mundo que nos rodea. Resultan de una conexión distinta del artista con la tierra. Es también una extensión de su pasión por la jardinería, que trae el tiempo de la niñez con su abuela en Moreno. Sin embargo, su peso está dado porque remiten a la muerte y a la sexualidad –la semejanza con los órganos genitales es evidente en varias piezas, al igual que las referencias a la muerte en Cala negra y Ofelia–. Más próxima a la representación de la vanitas que al tratado del naturalista. […]

Las Erinias o Furias para los romanos, en la mitología clásica, personifican la venganza, nacen de la sangre derramada en la tierra por la mutilación de Urano. Diosas femeninas de la venganza. Pocas pinturas tienen la intensidad, en el arte posterior a la crisis del 2001, de las Erinias de Marcia: representación de las fuerzas primitivas que en la acción de imponer justicia, con tenacidad, logran también la purificación de aquellos crímenes que no pueden juzgar los hombres. […]
Marcia representa a las Erinias, tanto en su carácter triple (fijadas en su número y nombres por Eurípides: Alecto, Megera y Tisífone), como en su acción vengadora individual. Aunque el interés de la artista no es la precisión iconográfica sino la imagen poética. Sólo desde el furor es posible alcanzar un programa estético; la pintura que surgida de la noche pueda tener una capacidad transformadora en la mañana. […]

Marcia tiene la capacidad de hacer que la técnica pictórica tenga autoridad, frente al impacto de los nuevos medios, y logra hacerlo sin encerrarse dentro de un giro conservador, que esa posición puede llegar a plantear. No es la defensa de la pintura como lenguaje universal humanista, sino como un marco de acción material e ideológica que permite dar cuenta de la relación sensible con el otro, en términos de la historia común local. Es pensar un espectador que pueda reconocerse en ese imaginario, que se desplaza desde lo urbano a lo rural y, fundamentalmente, es pensar en el migrante de las grandes ciudades. Este interés se afirma a través de su persistencia en el trabajo con el modelo.

[…] La fuerza de estas imágenes reside en el logro artístico de ser, simultáneamente, retratos psicológicos del carácter de los individuos y de poder ser comprendidas como expresión social, es decir, como sujetos políticos. […]

Leve ensayo biográfico
Gustavo Marrone

Siempre con una mirada crítica sobre el funcionamiento de las estructuras del mundo del arte, en los últimos años Marcia Schvartz prefiere volcar toda su energía tanto en la experimentación de técnicas y materiales como en la presentación de sus obras en lugares que ofrezcan más autenticidad.

Aparecen nuevos formatos: la pintura, el volumen y los objetos de uso cotidiano se exceden y adquieren el carácter de una pantalla postecnológica que Marcia con su particular humor define como “3D trucho”. Usados como escape para reflexionar de manera crítica y humorística, se manifiestan claramente en las obras Rezo obsceno, El secretario de Cultura de El Impenetrable, La Zorra o Preparándose para Arteva. En todas ellas se amplifica lo real de las situaciones representadas, tal como se espera de la última tecnología, pero —suplantando la cámara— es el ojo de la artista el que acentúa los detalles.

En Mesa de Entrada como en las anteriores, hay una ácida mirada sobre estas mismas estructuras pero volcada hacia la funcionalidad política y burocrática.
Esta obra anuncia el nacimiento de su nueva serie El tren fantasma de grandes formatos, plagada de referencias y objetos simbólicos, en la que analiza la descomposición política de una época y el anunciamiento del horror de la dictadura. Todos estos trabajos no solo tienen como finalidad un discurso crítico sino también una puesta en valor de formas de hacer, de materiales que adquieren fuerza frente a los lenguajes de representación actuales, donde la pulcritud en las formas es la regla. La presencia de la materia, del objeto, la imagen impresa, los restos de éstas, el découpage, la iluminación cándida, los cortinados, se transforman en vida y realidad inexorable de nuestro entorno, de nuestro pasado siempre latente.

La materialidad es la premisa de trabajo de Marcia, donde una pincelada cargada de violencia puede convivir con un espíritu de extrema sensibilidad.

Los retratos de jóvenes actuales en permanente lucha por sus ideales, claramente representados en la Toma de la Belgrano, pintura con la que se ganó el Gran Premio Salón Nacional, o La lucha continúa, rechazado en el mismo premio y año en la categoría dibujo, o Fanzineroso, cuadro con el que obtuvo el premio Banco Nación, entre otras piezas. Todas pinturas con collages que muestran lo urgente y lo cotidiano, lo social y lo privado, pero sobre todo la construcción de lo sensible desde la materia.
Los retratos sobre lino crudo, como Bakunin, Buda, Benita y su hijita Daiana o Milonga Patán sutilmente trazados con carbón e iluminados, le dan a los sujetos presentados en estas telas la nobleza de la mirada sin prejuicio del vos y yo acá.

Esa sutil y frontal mirada toma cuerpo en el persistente uso de la cerámica, siempre en diálogo con la naturaleza, como en el uso de las lanas teñidas. Estas últimas, ya las había utilizado en los años 90 en una serie donde las lanas de diferentes colores nos transportan a la experiencia del paisaje y de la atmósfera andina. En muy recientes experimentaciones objetuales combina ambas, lanas teñidas y arcilla, volviendo a su inmanente relación con el paisaje y las culturas americanas.

Su relación con la imaginería, la naturaleza y la gente del Norte, la llevó hace pocos meses a realizar una escultura en adobe de grandes dimensiones que representa una cabeza invertida surgiendo de la tierra en el contexto de “Barro Calchaquí” (Salta, Argentina), con el apoyo técnico de Florencia Califano.
Realizar piezas en estos contextos o exponer en espacios disímiles como las muestras “MarciaMundi” en la casa de la Cultura de la Villa 21 (Ciudad de Buenos Aires), “Barroco Digital” en el Museo Jallpha Kalchaqui (San Carlos, Salta), “Tsunami” en el Espacio de Arte del Museo Muñiz en el Hospital Argerich (Ciudad de Buenos Aires), o “Rituales del Rincón” en “Estación Perico” (Jujuy), además de alejarla de la monotonía recurrente de los espacios tradicionales de exhibición de arte, le permite un entorno más natural y abrir puertas para la construcción de una subjetividad de comunión social, objetivo último de su obra.

Links:
Marcia Schvartz
Colección Fortabat

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