Continuum. Rodrigo Alcón Quintanilha, Ignacio Chico, Juan José García, Lorena Ramos, Hernán Salvo, Pablo Sinaí / Proyecto PAC

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Artistas: Rodrigo Alcón Quintanilha, Ignacio Chico, Juan José García, Lorena Ramos, Hernán Salvo, Pablo Sinaí
Título: Continuum
Curadores: Julieta Capece, Lucía Ossoinak, Luciana Salvá
Dónde: Panal 361
Fechas: 17 al 27 de noviembre 2016

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Texto, galería de imágenes y links

OTROS EFECTOS
Totalidad y discontinuidades

Continuum, desde su título, es una afirmación que nos interroga: ¿qué es lo común que compartirán las obras? ¿En dónde estará su continuidad? La primera mirada panorámica ofrece una respuesta que aumenta el interrogante: nada, absolutamente nada. Mejor, miremos mejor.
*
Las cosas en el espacio de la sala -en el espacio en general- no se perciben en simultáneo. Límites orgánicos. Materiales. El tiempo, en Continuum, es el espacio en el que se despliega el proceso de su conocimiento. La hoja que tomamos al entrar a la sala media nuestra interacción con el entorno. La hoja es el testimonio de una promesa de sentido. El plano de la sala está en el final, pero, en nuestro recorrido, será lo primero. ¿Por dónde empezar? (El problema es que, aunque no lo sepamos, ya empezamos hace rato). Por el principio. 1: “¿Quién les hace creer otros destinos? ¿Quién deshace así tanta ilusión?”, escrito, en polvo, sobre el piso. El sujeto (quién). El poder (hacer creer). El sujeto del poder, sobre el poder del sujeto (les). La creencia, el destino, la ilusión. Lo fatal, escrito con polvo. Lo fatal, frágil, contingente. Basta. Ya, ahí, está todo. Buscamos en la hoja un poco más. “Olvido perenne”, dice, al lado del nombre de la artista (Lorena Ramos). ¿No dejamos de olvidar los efectos del poder? Demasiado. Que es lo mismo que nada. Que el efecto de la nada. Me fui a la mierda. Basta. Irse. Ir a 2.
**
2 tiene título, “Gabinete”. Nos obliga a entrar. ¿Qué es? ¿Qué hacemos ahí? Pateamos viruta en el piso. Hay un taburete. Frasquitos. Busco herramientas de trabajo, que no hay: están sus efectos. Si en 1 era lector, en 2 soy trabajador. Sin medios de producción. En soledad: como estoy yo, nadie se anima a entrar. Un mundo adentro de un mundo (adentro de otro mundo). Un trabajador, en soledad, sin poder producir, desconcertado. Sí, la hojita, por favor: “Juan José García: memoria emotiva”. Algo latía desde el comienzo, como en sordina: el gabinete me hace acordar al galponcito del fondo de la casa de mi abuelo, que era mecánico. A sus manos deformadas por el reuma. Muchos años de pinzas, ¿sabés?, llaves, tuercas, con frío, con humedad, me decía, mientras trataba de mover los dedos. Incluso cuando usaba los medios de producción, no eran suyos. Sólo los efectos sobre su cuerpo. Pero no se trata de mí, de mi abuelo, sino de la obra. Pero, parece que, en última instancia, estamos hechos de lo mismo. ¿Qué hago acá, pensando en esto? Sí, salir, por favor. Continuar. Ir a 3.
***
¿Qué es esto? “Cuboctaedro – Hernán Salvo”, decía la hojita. Tiene un agujero. Alguien, antes, estaba mirando. ¿Qué puede haber adentro de algo metálico, pesado, macizo? Nada. Miro. Todo. El universo hecho caleidoscopio. En 3, ahora, soy observador. Quiero quedarme, mirando, un poco más. Todavía me pesa la infancia que traje de 2. Y se potencia. Observador-niño. Lúdico. Acá, también, hay un adentro. Que rompió la apariencia del objeto. Pero el adentro, también, es apariencia: juego de espejos que se pierden en el movimiento para generar otra ilusión. Miro la hojita: “Eterno retorno”. Sí, eterno retorno, pero de lo que siempre cambia en su continuidad. De lo que no puede más que cambiar, para ser lo mismo. Miro de nuevo dentro del Cuboctaedro. Miro. Me quiero quedar, un poco más. Siento un cuerpo a mi lado, una sombra. Cierto, no estoy solo. Puede mirar adentro unx por vez. Me quedo un instante más. Un segundo más. Bueno, sí, está bien, entendí, me voy a 4.
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4 es un plano, un cuadro, que es pura perspectiva. Infinita, casi. Parece futurista. Pero un futuro, tal vez, del pasado. ¿Plaza pública? ¿Torre de control? ¿Hojita? Sí, hojita. “Pablo Sinaí, sin título”. En la primera página algo más tiene que decir. “Anacrónico”. Bien. Coincidimos. Hay algo de futuro pasado. No es nuestro futuro. ¿Perdimos la posibilidad de imaginar un futuro? ¿Nuestro futuro pasado no coincide con el futuro presente? Pero el cuadro es de este año. ¿No podemos más que imaginar el futuro del pasado, ya imposible?
No obstante, en el cuadro no parece haber tiempo. Es un instante congelado. Deshabitado. El cuadro, también, tiene algo de laberinto. De laberinto geométrico. El futuro pasado como un laberinto geométrico desolado. Pero que es, a su vez, todavía, parece, nuestro futuro. Pero nuestro presente no es, a su vez, más que futuro del pasado. Así, desolador. Laberinto. Sí, por favor, un plano para salir. Ir, ya, a 5.
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5 es uno que es dos. Dos proyecciones. Una grande, sobre la pared, que ya había visto, de refilón, desde el comienzo. Otra, más chica, sobre el piso. ¿Son la misma obra o son dos? (“Puesta en abismo”, leeré, después, en la hojita). El paisaje parece ser el mismo: una llanura, infinita. La llanura pampeana, sin marca alguna de civilización. Nuestro desierto. En la chica, hay un fuego y un hombre. Un hombre haciendo un fuego. En la grande, bien mirada, también aparece, en el centro, el fuego y una silueta, negra, que se mueve. Bien, son dos imágenes de lo mismo (si eso es posible). Miro. Y miro. No pasa nada. O lo mismo. Una y otra vez. Hojita: “Ignacio Chico – Desertor”. El hombre parece tener un uniforme militar, un uniforme viejo. Un desertor haciendo un fuego. El fuego, resguardo frente al desierto. Un desertor, en el desierto. Llanura, soledad, soldado desertor, fuego… Y ese, entonces, no puede ser otro, para mí que Martín Fierro. Un Martín Fierro sui generis. Una versión libre, una actualización. Fierro: paradigma de la argentinidad. ¿Soy también yo? ¿Alguien tendrá entre nosotrxs el valor de desertar? Ya no hay desierto donde ir. No hay donde desertar: el desierto, la nada, lo tomó todo. Fierro, no lo olvidemos, también desertó de desertar. Y vuelve al pago, al estado, al trabajo, la familia. Basta. Hagamos de cuenta que estoy en la inauguración de una muestra artística. ¿Hay más números que ver? No. Pero, quizás si encuentro un rincón en donde leer la hojita entera…
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Miro de nuevo. No hay 6. Pero hay otro artista, en la enumeración. Leo. Caí en la trampa. Me lo dijeron desde el principio, pero no leí la letra chica: hay cámaras estenopeicas, cuatro, registrando todo (Rodrigo Alcón Quintanilha – Valga la redundancia). Si ya fui lector, trabajador, observador-niño, observador-adulto, espectador, ahora descubro que también fui ¿parte de una obra? ¿Qué tramaron las curadoras (Julieta Capece, Lucía Ossoinak, Luciana Salvá) con todo esto? ¿Curadoras-artistas? El proceso de consumo artístico es, a su vez, parte de un proceso de producción. Continuidades. Cierto: la pregunta del comienzo. ¿Qué tiene en común todo esto? Nada. Todo. Me prometieron un sentido. Ahora soy (estoy siendo) parte de un posible sentido futuro: hay cámaras que no veo. El proceso de producción es, a su vez, producto. Y viceversa. El revés de la trama. Efecto Continuum: nada tiene que ver con nada (pura ilusión), todo tiene que ver con todo. La contigüidad es continuidad. Continuum es un mundo adentro del mundo. ¿Por qué no me interrogo, a cada momento, sobre lo común del mundo más allá de la puerta de la sala, sobre lo común del caos, como lo hago adentro? Continuum deja esa carga. La continuidad también es el cuerpo que la recorre. En Continuum hay un plano. Hay un plan. Continuum es un mundo adentro del mundo, pero invertido. Plan y caos. Su participación en la totalidad es su discontinuidad. Sus discontinuidades. En la hojita hay un epígrafe: “(…) es la reactualización de un acontecimiento de arte como anticipación y realización de un nuevo comienzo, de un futuro en el que el orden que define nuestro presente perderá su poder y desaparecerá.” (1) Continuum cumple su promesa. Y, como toda promesa, no puede cumplirse más que traicionándola. Medios de producción. Continuum en tanto medio de producción. De arte. De sentidos. De…

Plan y caos. Plan o caos.

¿Qué nuevo comienzo, entonces, ya, aquí y ahora?

Esteban V. Da Ré

(1) Boris Groys, Arte en Flujo, Ed. Caja Negra.

Galería de imágenes

Fotos Rodrigo Alcon Quintanilha

Links:
Ignacio Chico
Hernán Salvo
Lorena Ramos
Pablo Sinaí
Proyecto PAC
Panal 361

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