Soñé que me rapaba, me convertía en varón y desfilaba con un papel entre los dientes. Maruki Nowacki

Artista: Maruki Nowacki
Título: Soñé que me rapaba, me convertía en varón y desfilaba con un papel entre los dientes
Curador: Alejo Ponce de León
Dónde: UV estudios
Fechas: 10 de junio al 5 de agosto de 2017

Texto, galería de imágenes y links

Si el arte instalacionario se traduce en melodiosos ordenamientos y arreglos taxonómicos del “hardware de la civilización”, o en esfuerzos por alterar el espacio de manera tal que refleje una imagen de simbolismo moral, esta exhibición de Maricel Nowacki sería lo contrario a una instalación.

La realidad que proyectan los objetos es tan estable como cualquier mentira. La realidad que proyectan los cuerpos es tan profunda como una desaparición. Las realidad que proyectan las ideas -apenas copos transparentes en el reino del aire- es tan inasible como el espacio negro. A partir de la relación entre estos elementos algo se puede intuir, sugiere esta muestra con precaución, y por eso podemos pensar a través de ella en Mondrian, o en la filosofía desbordada y carpinteril de Líbero Badii: no en sus obras, sino en sus excusas para hacerlas. Lo que Nowacki produce, antes que esculturas o vestidos, son los fundamentos de una teoría de acceso a las relaciones entre las cosas. Como en un sueño, transfigura al propio living de la casa donde vive y trabaja para poner a circular su postulado enigmático.

Soñé… usurpa la visión escultórica, la ocupa por un momento. Ocupa también los rasgos más reconocibles de un espacio adorado por muchos para sostener su expresión tambaleante y tímida, devota únicamente de la sombría ecuación del mundo. Si resulta inexpropiable por las discusiones del momento es porque habla solo consigo misma. Puede resultar irreconocible también para los que nada más se reconocen entre sí, para esas chicas y chicos que buscan lo mismo en esta ciudad: hacer libros, besarse, ver su nombre grabado en algún lado. Los más valientes, quizá, quieran enamorarse.

Pero el deseo del que habla esta muestra descansa más allá de todo eso, como un barco hundido al pie de un atolón: un deseo que no es de victoria ni de venganza y que no puede ni siquiera empezar a tratar de ser terrenal. Como el que se revela en los sueños, es un deseo solitario y universal, muchas veces imperdonable, que suele tener gusto a nada.

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UV estudios

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