Cualquier lugar fuera del mundo. Nicolás Pontón

Artista: Nicolás Pontón
Título: Cualquier lugar fuera del mundo
Dónde: Quadro Galería
Fechas: 4 de noviembre al 16 de diciembre de 2017

Texto, galería de imágenes y links

Inaugura la exhibición de Nicolás Pontón “Cualquier lugar fuera del mundo”. Destruimos lentamente las condiciones que posibilitan nuestra vida en el planeta. Las cosas reales son buenas. Se representa con imágenes decadentes la obsolescencia de la infraestructura socio-natural. Me pregunto si el tiempo es bueno. Se digitalizan las preguntas que se le pueden realizar al mundo. El arte nos expone a un error cognitivo fatal. Las respuestas son excluidas del lenguaje. No me parece que a mamá le guste demasiado el tiempo. Las placas sensorias corporales tienen un poder de captación muy limitado, las fibras nerviosas poseen una velocidad de transmisión demasiado lenta, la memoria de nuestro cerebro se recalienta. El otro día, hace un montón de días, mamá dijo que el tiempo pasaba por ella. Frente a esta tecnología, nuestra inteligencia es apenas superior a la de los gusanos. Distinguir entre las cosas que son reales y las que no es un problema evolutivo. ¿Es real el tiempo? Los procesos de producción de sentido conducen al burnout. Se manifiestan los cambios generados por las transformaciones materiales de los modos de producción. Última revolución industrial. Desempleo generalizado. Tecno-comunismo global. El logos se independiza de la agencia humana. Los relojes marcan el paso del tiempo, los relojes son reales. Todos los segundos devienen singularidades nominales. Las máquinas intercambian flujos de información de forma autónoma. Los seres inanimados se ríen de nuestra arrogancia. Los aparatos de control se transforman en residuos esponjosos que flotan en el crisol de las ciudades. El Platino, el níquel y el circonio absorben la humedad del aire. Mamá tiene relojes, de modo que deben gustarle. Se aceleran los procesos exotérmicos. No estamos en los planes de la morfología trascendental. Las máquinas dejan de tener botones. No se precisan los sentimientos. El secreto es cerrar los ojos. Enormes espejismos en un espacio reducido. Hace varios millones de años que no sabemos lo que queremos. Tendríamos que haber desperdiciado mucho más el tiempo. El arte va demasiado lento porque es necesario adaptar y traducir las obras a un lenguaje humano desactualizado. Somos una prueba viviente de la poca imaginación que ha tenido la naturaleza. Es bastante lógico que las maquinas hayan decidido dejar de confiar en nosotros. Los pensamientos estériles engendran ideas fecundas. Reducidos al tamaño de una partícula el verde deja de existir y se transforma en azul y amarillo. ¿Te parece mucho mil millones de años? Ya es demasiado tarde para esa pregunta.

Mario Scorzelli

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