La semejanza y la pausa. Francisco Medail y Juan Cruz Pedroni

Artistas: Francisco Medail y Juan Cruz Pedroni
Título: La semejanza y la pausa
Dónde: Alimentación General
Fechas: 17 de marzo al 19 de abril 2018

Texto, galería de imágenes y links

Tres libros componen el catálogo de la editorial Buenos Aires. Archivadas con la fecha de 1967, la información que
proporcionan estas publicaciones de bolsillo es lacónica y alcanza solamente para sugerir el vínculo entre la casa editora y ciertas escenas institucionales. En el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella trabajaban Humberto Rivas, autor de las fotografías en uno de los títulos y el crítico de arte Jorge Romero Brest, responsable del prólogo en el mismo volumen; dos años más tarde exhibiría en el ITDT Rogelio Polesello, el diagramador. Grete Stern, encargada de las reproducciones en el Museo Nacional desde la gestión de Romero, aportó una serie que había comenzado tres décadas atrás. Los otros nombres involucrados constituyen en cambio un hápax -una palabra que se registra por única vez- en las bibliotecas de la fotografía: Alberto Salas, Aná Biró de Stern y
Carlos Dellepiane Cálcena. Como sucedía con los catálogos de mano en las exposiciones de artes plásticas, un prólogo colocaba a las imágenes dentro de un marco de lectura, en elmismo movimiento en que las apartaba del mundo.

Las fotografías con las que se hicieron estos libros llevan el tiempo de un comienzo pero cargan, también, con la impronta de una interrupción. Los tres libros son los únicos restos que quedan de un programa editorial pero despliegan, a pesar de su número, la totalidad contingente de un archivo: el archivo de una colección. No es el territorio que escoge una voluntad soberana entre el mundo de los objetos sino el residuo de los límites impuestos por sus condiciones de posibilidad. Detenida en el gesto de un comienzo, la colección se fosiliza como imagen de la historia. Es la escena de una caída: el intento malogrado por cubrir una totalidad.

Ese todo que rehúsa ser coleccionado deambula también, como un fantasma, en el espacio de una semejanza buscada y
siempre imposible de sellar. En la fotografía de reproducción, el fotógrafo finge ser trascendido por la presencia del objeto. Sin embargo, aunque la fotografía quiera retraerse, mostrarse deslocalizada y sin cuerpo, nunca puede abandonar completamente la singularidad de su propio gesto. En la constelación de copias que despliega la editorial, esa tenacidad de lo indicial destella con diferentes inflexiones. De distintas maneras, el indicio vuelve a surgir como un hueco en algún lugar de la imagen para perforar la pantalla de la semejanza.

El deseo de una colección es pulverizar el espacio, conjurar en un único sitio la dispersión de las cosas. Sin embargo, en el territorio de Buenos Aires atisba solamente una vez el trazo amplio de una topografía, el prurito de abreviar la ciudad en un libro de bolsillo. Arquitectura de Buenos Aires. Los patios propone la mirada referencial desde el encabezado mismo del libro. Como sinécdoque de una ciudad que se pierde, los patios de Grete Stern publicados en el volumen son todavía los que había escrito Borges en su Fervor de Buenos Aires. A diferencia de la Buenos Aires de Coppola en la primera edición del Evaristo Carriego, el espacio urbano no es aquí la síntesis puramente visual de motivos atemporales, sino también el lugar de una evocación literaria.

En las otras dos series el espacio pretende cancelarse para ser la sede abstracta de arquetipos visuales. El objeto es instalado sobre el fondo neutro del museo, enumerado en la escansión antológica del catálogo. Pero las señales del espacio real no dejan de volver: en un resto, cerca de un borde, en el reflejo de unas hojas. Así pasa en algunas esculturas de Curatella Manes registradas por Rivas, donde lo insignificante contamina de repente la integridad de esa entidad que se suponía consumada antes de ser fotografía. En las postales de La imaginería el modelo de reproducción frontal y sin sombras se modula, es puesto en perspectiva. El ángulo escogido para registrar un Cristo nos da la medida de una cercanía impedida; la mitad de un rostro en penumbra pone un obstáculo a quien se imponga la tarea de describirlo. Son intervalos en los que la reproducción fotográfica deja en suspenso su dispositivo serial.

Reflexionar sobre reproducciones es hacerlo sobre la ontología del referente, acaso el problema con mayor tradición
en la Estética fotográfica. Por momentos, la reproducción consigue pensarlo: en esas oportunidades, el registro de
obras de arte es también una forma posible de la crítica. Esta manera de entender el problema suspende las divisiones nítidas entre arte y documento. La idea de que la mejor crítica para una obra es otra obra de arte no es un invento reciente: más de un siglo antes de que Roland Barthes descubriera la naturaleza literaria de cualquier comentario, los románticos alemanes tenían como programa crítico escribirle poemas a los cuadros. Cada tanto, la colección hace digresiones en la repetición de lo mismo, gana la entonación de un ensayo, se corre de lo que muestra para indicar el lugar conjetural desde el que mira. Cuando la reproducción se pausa, la semejanza tiene el brillo de lo que rechaza: es una imagen del pensamiento.

Galería de imágenes

Links:
Francisco Medail
Alimentación General

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