El deseo lo cambia todo. Viviana Blanco, Alita Olivari

Artistas: Viviana Blanco, Alita Olivari
Título: El deseo lo cambia todo
Dónde: OM Arte Contemporáneo
Fechas: 17 de mayo al 31 de julio de 2018

Texto, galería de imágenes y links

UNA SOMBRA EN EL ESPEJO

¡Oh espejo!
Agua fría por el tedio en tu marco helado.
Cuántas veces y durante horas, desolada
De los sueños y buscando mis recuerdos que son
Como hojas bajo tu cristal de agujero profundo
Me aparecí en ti cual sombra lejana.
Más, ¡horror!, algunas tardes, en tu severa fuente
¡conocí de mi esparcido sueño la desnudez!
Stéphane Mallarmé

Intento escribir este texto y todo me distrae, todo hoy es distracción. Afortunados los concentrados que son como el sol del mediodía que no da sombra. Venturosos los buenos especuladores que no sucumben al reflejo. Dichosos los cazadores de ausencias.

Invitada a escribir sobre Viviana Blanco y Alita Olivari es necesario que atraviese el cascarón de lo evidente porque las conexiones entre ellas no son tan obvias, más allá claro, de que comparten en esta ocasión los materiales en los que su obra se manifiesta: cerámica, dibujo y sus relaciones. Estas dos potencias relampaguean en el interior de sus deseos tercos y salvajes. Comparten ese espíritu y actúan como espejo y a la vez como sombra una de otra (me refiero a ellas como artistas pero también a estas dos fuerzas que son el dibujo y la cerámica).
Una adorna la otra excava. Agrega y reúne en un objeto una, extiende y disgrega en múltiples formas la otra. Si una dibuja el ornamento la otra lo despoja. Viviana acicala unos pelos de animal salvaje mientras Alita los deforma. En un rodeo de las cosas ambas extienden su mano para rozar con la punta de los dedos las formas del camino. Porque todo es tocable y en el tacto la mano se hace pincel. En el extremo del pie está el camino anegado. Y los contagios necesarios se dan en el barro.

En Alita Olivari el rechazo de un gusto, de una estética familiar y luego su adopción como propia (como quien corre tras su sombra) ha sido un motor en estas obras. Olivari acepta el reto que su evocación le desafía. Deglute un arte difícil de digerir para la mirada estándar porque reconoce allí un linaje, una cadena de decisiones ancestrales, una necesidad. Lo dibuja tan bellamente que el sabor en la boca se perfuma de flores. Toma cada cosa del padre y la hunde en sus ojos, la entierra con sus manos en el fango de su historia de donde la vuelve a rescatar como alfarera exótica y la dispone como una ofrenda, como una oferta.
Es conmovedor percibir el rastro de la infancia sacudida y ajena, sapo de otro pozo. Estas dos niñas van a moverse de sus orígenes movidas por un deseo más fuerte que su arraigo hacia un destino disipativo e incierto, van a cruzar al otro lado del espejo.

Blanco como niña anciana criada en los bosques del sur fija sus ojos en el lago a la espera del monstruo. El lago oficia de cristal reflectante y también de sombría fosa donde cavar los sueños. Alita estupefacta observa “una muñeca de paja con canasta y sombrero parada frente a cuatro muñecos de un local de comida rápida encastrados al marco dorado del cuadro de primera comunión”. Las cosas se miran entre sí, que más remedio que invertir la mirada, como un reflejo.

Viviana Blanco dibuja los entes y las cosas con sombra, porque la sombra comparte con lo real la áspera y ardua inconveniencia y porque en la sombra que dan los volúmenes lo verdadero se escurre, como una mancha de tinta, hacia la ficción.

Expande el campo del dibujo y piensa la cerámica como continuidad del gesto gráfico, como un cambio de piel, que en la arcilla será registro fijado en el tiempo, una suerte de fósil personal. Modela bloques extrañamente turbios que atesoran en lo más recóndito de su masa fulgores lentos, como si se hubiese coagulado en ellos un agua espesa, antigua y animal. Es la flor que crece en el lodo que deviene animal y muta a piedra.

A modo de corolario, dejo tres preguntas (y sus incompletas respuestas) que animaron este texto:
¿Qué puede un espejo?

Multiplicar y reflejar, distorsionar e invertir, brillar y opacar. Ser agujero negro y estrella. Principio de conocimiento.

Según su etimología, la palabra espejo, speculum, significa instrumento de mirada. Acudo al diccionario de símbolos de Chevalier y Gheerbrant que dice que originalmente especular era observar el cielo y los movimientos relativos de las estrellas con ayuda de un espejo. ¿Y qué refleja el espejo? Todas las cosas del cielo y de la tierra excepto el rostro de quien se mira en él, dice Oscar Wilde en El pescador y su alma. La verdad, la sinceridad, el contenido del corazón y la conciencia, nos dice el lugar común.

Para muchas fuentes de sabiduría, religiosas, místicas o de otro orden, es el instrumento de la iluminación y símbolo de la sabiduría y del conocimiento. Nos enseña que el mundo de las formas que allí se refleja no es más que un aspecto de la vacuidad. Simboliza la sucesión de formas, la duración limitada y siempre cambiante de los seres. Por otra parte da de la realidad una imagen invertida, entonces las manifestaciones son el reflejo invertido, un triángulo doble, una estrella. A través de él podemos multiplicar nuestro conocimiento y también nuestra ignorancia. Imagino la conciencia como un espejo en la frente, entre los dos ojos. Y así caminamos por el mundo de los reflejos.

¿Qué reflejan dos espejos enfrentados? La multiplicación infinita de la imagen de sí mismos o del vacío, la reciprocidad de las conciencias.
El dibujo mira a la cerámica y ella le corresponde.
Alita mira a Vivi y viceversa.

¿Qué puede una sombra?
Perseguir y ser perseguida, recordarnos el cuerpo y su dimensión aparente. Completar la imagen de sí. Ser fantasma, ser burbuja. Como en el caso anterior, también ser fuente de conocimiento. Y, tal vez, ser el origen del dibujo: según la leyenda griega que recoge Plinio el viejo y que cuenta en su Historia Natural, una joven corintia enamorada, desesperada por la inminente partida de su amor delinea con carbón el perfil que de su amado aparecía sobre la pared por el reflejo de una vela. Había nacido así el primer dibujo y el primer retrato. Y también la ilusión del dibujo como captura de lo ausente y de la sombra como evidencia de una presencia.
La sombra, por una parte, es la imagen oscura que proyecta un cuerpo opaco sobre una superficie cualquiera, interceptando los rayos directos de la luz y, por otra parte, la propia imagen de las cosas fugitivas, irreales y cambiantes.

La literatura ha dado muchos cuentos y novelas geniales alrededor de la mítica sombra. También la filosofía y la psicología con sus estudios sobre esa idea/metáfora. Desde Platón a Jung, desde E.T.A Hoffmann al cine de terror, mucho se ha escrito, imaginado y pensado sobre la sombra, tratados enteros que no puedo citar aquí y que me exceden ampliamente en sabiduría y profundidad. Sólo quisiera que recordemos ahora su importancia para nuestra existencia, esa penumbra que nos acompaña ineludible a la luz del día y que desaparece en la oscuridad.
Soy tu sombra cerámica, dice el dibujo. Y yo la tuya.
Soy tu sombra Alita. Vivi responde: yo soy la tuya.

¿Qué puede una sombra en el espejo?
Entregar brillo y opacidad simultáneos. Dar terror. Abrazarlo todo. Ser testigo del pasaje entre los estados. Completar la ausencia y la presencia, llevarnos al borde de nuestra ignorancia.
Entregarnos una muestra hermosa.

Silvia Gurfein
Mayo de 2018

Galería de imágenes

Fotos: Maia Astrid Croizet

Links: 
Viviana Blanco
Alita Olivari
OM Arte Contemporáneo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: