MGC. Max Gómez Canle

Artista: Max Gómez Canle
Título: MGC, Max Gómez Canle
Texto: Rafael Cippolini
Concepto y edición: Silvia Gurfein, Max Gómez Canle
Diseño gráfico: Andrés Sobrino
Editorial: Ruth Benzacar Ediciones
Lugar y fecha de edición: Buenos Aires, 2017
Medidas: 28 x 23 cm, 336 páginas

Textos y links

El libro Max Gómez Canle es una publicación que recorre exhaustivamente la obra del artista argentino desde sus comienzos hasta fines del 2016. El libro está estructurado en dos grandes secciones: un copioso ensayo de Rafael Cippolini que, desplegado en diez capítulos y replicando de algún modo los procedimientos del artista, organiza el texto como un juego de organismos ópticos y mentales conectados por pasadizos textuales que logran ensamblar todo el trabajo de este singular artista y finalmente presentarnos una suerte de sistema y un manual de abordaje. Esta sección, en un delicado papel de tono ahuesado, contiene además imágenes de obras y bocetos, notas ilustradas con referencias al universo del que se nutre MGC y a su repertorio de investigaciones, así como incluye
escritos de otros críticos insertados en el cuerpo del ensayo principal y la palabra del propio Max Gómez Canle extraída de sus conversaciones con Cippolini. La segunda gran sección es un precioso registro impreso en papel blanco mate de obras desplegadas en láminas, organizadas por núcleos de afinidad y cronología.

Un libro que funciona como una llave-clave para acercarse en profundidad a la obra y al pensamiento de un artista que es referente de la pintura contemporánea.
La publicación finaliza con traducciones al inglés y al portugués de todo el material.

Manifiesto Venetto sobre Max Gómez Canle
Por Rafael Cippolini

“La tentación más estúpida de cualquier artista es la de creerse más importante que su obra. Si su presencia resulta más contundente que su arte, ya no estamos frente a un artista que valga la pena, sino frente a un fracaso que bien vale el olvido”. Son palabras de Albano Venetto, a principios del Siglo XX, erigidas en contra de ese absurdo síntoma de la vida o la figura del artista como obra de arte. “La alquimia necesita del alquimista -prosigue Albano Venetto- Pero el alquimista es hijo de la alquimia, no padre de esta”.

Cualquier interesado en superhéroes sabe, o debería saber, que las celulas de un kriptoniano como Súperman envejecen infinitamente más lentas que las de un humano como Batman. Es la razón por la cual cuando Bruce Wayne (Bruno Díaz) luce como un hombre de 70 años, Clark Kent sigue viéndose como un tardoadolescente de veintipocos. Lo mismo sucede con cualquier buena imagen: las imágenes envejecen con pasmosa lentitud.

Batman y Súperman, a diferencia de Bruce Wayne y Clack Kent, usan trajes. Max Gómez Canle, que es un artista y no un Superhéroe, entendió que es más atinado usar como traje buena parte de la Historia del Arte. Su poder es lo que llama su ExoSubjetividad. Max Gómez Canle aprendió a habitar imagenes de épocas lejanas, supo como perderse y camuflarse y rebarajar a su antojo varias tradiciones.
El Ego del artista Max Gómez Canle es lo contrario a un Ego Facebook. No nos dice: “mírenme”, sino “búsquenme como a Wally, en paisajes de muchos siglos”.

¿Cuál es el tiempo de MGC? No se trata tampoco, menos que menos, de un artista posmoderno. No necesita retratar su época. Su tiempo son muchos tiempos.

Albano Venetto también dijo: “La pintura vence a la fotografía porque le ganará siempre en imaginación. La pintura es visión, no tiempo congelado. No hay click que sea tan sensual como una pincelada”.

También dijo: “Si una obra se quiere efímera, que efímera sea también su valoración y recuerdo”. Y como buen peronista supo decir: “Cuando Marx aseveró que todo lo sólido se desvanece en el aire, estaba hablando no metafóricamente de eso que conocemos como el sistema digestivo y sus tantos pedos. El Capital, que nada sabe de justicia social, quiere que hasta el más insignificante de los pedos resulte rentable”. “No existe ningún buen artista que no considere su propia época como una trampa. Claro que esa trampa debe usar como repelente trampas aún mejores”.

El libro sobre la Obra de MGC fue escrito por acumulación. 3 páginas inéditas en el 2005, una página edita en el 2007, 20 páginas inéditas en el 2009 y luego, a caballo entre los años 2015 y 2016, el fárrago de cientos de páginas con sus notas al pie. Albano Venetto, por último, fue creado especialmente para este manifiesto el viernes cuatro de mayo de 2018.

Manifiesto Venetto Plus

Entonces, un 27 de mayo, emulando a un chino más que legendario, Albano Venetto despertó presa de un sueño científico sabiendo que existía una hipertricosis gomezcanlezca: ya no una comarca de pelos sino la fina estirpe de un pincel que suma, línea a línea, un campo acaso rosado hasta cubrirlo por completo. Así el sistema Rocamora: pinturas devorando pinturas, autocanibalismo de infinitos pigmentos, el soñar con cuadros que sueñan con otros cuadros. De este modo AlBano venetto creyó despertar una tarde de domingo en un sitio acaso denominado Isla de Ediciones. ¿Pesadilla o ensueño? Que el sistema rocamora provea la respuesta.

Y ahora sí, que tengan muy buenas tardes y mucho gusto.

Max Gómez Canle. Vínculos y desvinculaciones
Por Juan Laxagueborde

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Empecemos por lo que Max no es: desprolijo. Es difícil ser prolijo y es difícil ser desprolijo. Me parece perezoso el uso del cualquierismo pensado y desperdigado por grandes salas iluminadas y espectaculares. Al trash le pido más cautela. Lo así nomás, cuando se lo piensa como producto normal de comunicación, es arte grande. Max está en el arte chico adorando la grandeza de la memoria y del agujero de las leyendas pintadas. Todas las obras del pasado entran en un puño si se las concentra. La obra anterior siempre puede volver a jugar a su manera. Las imágenes pueden montarse, como cuando alguien se maquilla y dice que se monta. Para Max la historia de la pintura es una paleta. Viene del oficio y va hacia la incursión delirada. Es como un aventurero sin sacrificio entregado a los gritos del renacimiento y del arte madí. La suya es una continuación de ideas diversas, pero una continuación hecha de paréntesis para entretenerse. Max hace arte chico porque combate el estado en el que nos encontramos como civilización, esa horrible sensación de continuo susto al apocalipsis. Es arte chico porque fomenta una convicción: no hay manera de que una sensación sea exagerada.

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Estos dos cuadros se llaman “Peregrinos”. Hay rocas, el cielo, un lago descubierto y tres formas geométricas con patas que no pueden creer lo que no ven, porque algo de su propia forma se los imposibilita. Pero quedan los pies. Es particular cómo indagan lo que hay con la pisada. Llaman la atención las sombras, que están siempre en lo que hace Max. En algún punto oscurecen, destruyen la soberbia del arte, la jactancia de que puede expresarlo todo. Es que no, mis amigos, no lo podrá. Spinoza escribió un libro llamado Etica demostrada según el orden geométrico. En algún momento dice que la humildad es una forma de la tristeza, porque el hombre se da cuenta de su impotencia o debilidad.

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Bueno, el dorado, el oro… Las suite d`or. Siempre al oro o lo tienen los magnates, y si no, lo tienen escondidos los grupos conspirativos interesantes que generan dudas en los magnates. Generan el deseo para que los hombres con habano y arrogancia (los magnates) se inserten en la naturaleza y no vuelvan más; hay decenas de leyendas bajo esta paradoja. La acumulación de oro fue la base de la economía nacional pero es también la selva hacia donde vuelve la conciencia: el dorado que se adora. Siempre el oro está cerca de la naturaleza porque lo es. Leopoldo Lugones escribió un primer libro. Sí, en algún momento escribió su primer libro. Ese libro se llamó Las montañas del oro, que nos dejó este poema elocuente para hoy:

Él tiene su cabeza junto a Dios, como todos / Pero su carne es fruto de los cósmicos lodos

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Max pintó en algún momento conos racionalistas. A veces los pintaba sobre tela y otras veces los realizaba volumétricamente y les daba unas pinceladas de acrílico para después posarlos sobre un pedestal. Estas dos páginas exponen eso. Unos conos están en una fría sala de exposiciones, el otro está, digamos, sumido en el agua y es lo contrario al amanecer. Por eso la obra se llama “el reflejo del amanecer”, porque el reflejo siempre es lo otro. Lo único que es lo mismo es lo uno. No hay identidad sino intercambios de diferencias que aunque parezcan parecidas, si se las mira bien, generan las diferencias finales, irreductibles, entre todas las cosas. El que las iguala es el pintor en su locura de pensarlo todo.

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Dice Cippolini que en la muestra Truenos lejanos “el lenguaje visual comienza a unificarse, aunque siga insistiendo con sus particularidades”. Estoy de acuerdo con que Max es un lenguaje, con que tiene un estilo familiar, con que esa familiaridad vive de que nos extrañemos. Porque Max pinta exactamente pero convidando sensibilidad. Por lo tanto lo exacto se diluye en el sueño del espectador, en la fuerza jerárquica de su corazón puesto a andar sobre la naturaleza chillona, mítica, insalvable de la imaginación. Quiero decir con esto que la de Max es una obra que discute con la representación y con el relato.

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Qué suerte que abrí una página sobre una de las series que más me conmueven de las de Max. No hay ninguna información en esas dos páginas. Recuerdo que fueron colgadas en su última muestra en Benzacar, no recuerdo el año. Saco de la foto la frialdad y le pongo la inocencia de una mirada confusa. Son esos paisajes recortados donde priman árboles. En esas imágenes crecen unas escalinatas doradas, unas pirámides mayas que acumulan escalones de obra en obra. No sé qué decir sobre ellas. Me parece que el chiquitismo de Max tiene en ellas un parnaso. Las veo como sus obras más absurdas, expansivas y calmas. Las disfruto como la invitación a un rezo. Las someto al amor. Hay un verso de Alfonsina Storni que encontré sin querer para esta ocasión y que dice así: “Me queres de espumas”. Así me quieren las obras de estas páginas.

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Estamos ante las famosas libretas de Max. El coleccionista o el admirador muere por ellas. Hasta valor mercantil tienen. Pero Max las liquida para pensar la parafernalia de sus muestras, para curarse y no gastar plata en profesionales. Para bocetar la estructura donde agregar olvido. Esto me hace acordar a algo que dice Roland Barthes: el estructuralista separa y armoniza. Claro, porque la pintura está hecha del malestar contra la razón ejercido a través de la pavada exquisita. La pavada quiere decir la cabeza dispuesta a desmembrarse. La cabeza sin ejercicio. La cabeza fuera del progreso. Algunos, como Max, ocultan a su vez su mente hecha de pavadas geniales por medio de una técnica perfecta. Pero no olvidemos esto: cualquier cosa que uno hace en el mundo sin que el mundo lo pida o lo necesite es una pavada. Vender pavadas a los que quieran pagarla es la larga risa del artista, su coronación.

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Este es uno de los típicos paisajes por donde podría aventurarse “El Coco”, ese personaje de Arturo Carrera que da nombre a uno de sus libros más geniales. Dice Carrera: “Es un ángel discapacitado / que trabaja como barrendero”. Barrer la naturaleza, regar el desierto, agrupar el aire, poner a un pájaro a punto de volar en una pintura, son imposibilidades exageradas por esta presentación pero sueños básicos del loco, del que tiene el coco prendido fuego, del artista.

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Un peludo mira a través del único ojo que tiene la naturaleza que no tiene. Nota el paisaje que se despliega sobre sí mismo denotando los mil tonos de verde que cantaban Los Chalchaleros para Catamarca. De su agujero rescata el vacío y lo llena de visiones. Se me hace que eso es lo primero y lo último que hacemos.

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¿Por qué esta obra se llama “Tele” y no “Tela”? Porque quizás Max homenajea en ella a cierto impresionismo que fue rechazado y luego reproducido en mil papeles que adornaban consultorios, casas y restaurantes de pueblos pequeños de la pampa húmeda. Un impresionista pinta la manera de ver. Hay muchos colores en esta pintura. Un color, un color… ¿Se puede investigar el color? Me interesa responder con esta frase de Merlou Ponty en un texto sobre Cezanne. La quería decir durante toda esta conferencia y al fin se me dio. Sirve para todo Max y para darnos cuenta que da lo mismo si esto se llama tele o tela, porque expresa lo mismo. Lo infinitamente variado y siempre lo mismo. Dice Merlou de Cezanne, entonces: “La expresión de lo que existe es una tarea infinita”.

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El libro prácticamente termina acá. Los turistas le sacan fotos a una Gioconda a la que los argentinos le dicen Mona Lisa, el libro se cierra mientras un libro se abre y muestra a una señora posbarbuda, un poco combativa y otro poco enigmática, imantando a todo el mundo hacia su ser. Esa mujer anónima y universal, late y espera. Pero ojo, que puede no esperarnos más. Es que si de ese continuo susto al que podemos llamar “terror general por no saber para donde se irá todo”, algo puede sacarnos, es una marea. Que no por casualidad tiene pronombre femenino.

Parque Rivadavia. 5 de mayo de 2018

Links:
Max Gómez Canle

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