Cosas extrañas. Bioarte en la Argentina. Daniel Álvarez Olmedo, Agustín Bucari, Gabriel Cicuttin, Joaquín Fargas, Grupo Proyecto Untitled, Luciana Paoletti, Darío Sacco, Guido Villar, Marina Zerbarini

Artistas: Daniel Álvarez Olmedo, Agustín Bucari, Gabriel Cicuttin, Joaquín Fargas, Grupo Proyecto Untitled, Luciana Paoletti, Darío Sacco, Guido Villar, Marina Zerbarini
Título: Cosas extrañas. Bioarte en la Argentina
Curaduría: Natalia Matewecki, Daniel López del Rincón
Dónde: Centro de Arte UNLP
Fechas: 13 de abril al 18 de mayo de 2019

Texto, galería de imágenes y links

Cosas extrañas. Para designar una realidad que no es estable se necesitan términos abiertos que den cuenta de su carácter provisional. Justamente, cosa es una palabra imprecisa, que no delimita conceptualmente, que designa sin conocer, acaso intuyendo, a la espera de un descubrimiento posterior. Se trata de un término que aguarda una precisión que quizá no llegue nunca.

Algunos artistas mantienen ese estado potencial, ambiguo, de la materia, antes de que esta se cierre en la nitidez del conocimiento puro. Sostener, e incluso propiciar, ese estado de desorganización, de caos y de anarquía es, en la era de la biotecnología, en la que vida y control son indistinguibles, una estrategia de carácter político. Las obras de bioarte se sitúan a menudo en el ámbito de esa ontología liminar que combate contra la tranquilidad que genera la ilusión del orden.

Otros artistas utilizan sus obras para convertir lo vivo en otra cosa, visibilizando, de ese modo, la capacidad de mutar, de transformarse, de devenir, de lo vivo, que escapa así de una identidad estable y fija, y huye siempre hacia el terreno de la otredad.

La otredad no es solo lo que está afuera. Es eso, pero también un lugar (quizá sea más preciso decir un no lugar) sin “domar”. La otredad es un contexto que produce realidad, una realidad no escrita, no normativa, cuyo potencial político equivale al de la imaginación. La rareza, la extrañeza, es uno de los rostros de la otredad, una categoría relacional que se construye desde la mirada. Lo raro se designa como tal desde la norma y, por eso, habitar la rareza es una manera de generar emergencia, en todos los sentidos. Este carácter liminar que afecta a muchas de las prácticas agrupadas bajo la denominación bioarte hace que algunas de las impresiones más frecuentes asociadas a la experiencia de estas obras tengan que ver, precisamente, con el campo semántico de la rareza, de lo inclasificable, en sus múltiples formas, que abarcan desde la incomprensión al asco. La complejidad del bioarte se enraíza en el gusto por la materia viva. La vida, lo vivo, como agencia, como movimiento, como energía. Materia vibrante, élan vital, que nos lleva de nuevo al universo del caos, la imprecisión, el descontrol, la anarquía.

Las once obras que componen esta muestra son diferentes propuestas relevantes para un campo artístico conocido como bioarte, que en las últimas décadas ha experimentado un creciente interés por parte de artistas y de teóricos del arte. La selección de artistas circunscribe la muestra dentro de unos límites geográficos y cronológicos que permiten conocer las prácticas del bioarte en la Argentina durante la última década. En su conjunto, las obras exploran diversas maneras de abordar la naturaleza, la materia, la vida, en virtud de un desplazamiento metodológico que sitúa las estrategias de los artistas en un espacio intersticial que se nutre de experiencias del mundo científico-técnico y del artístico-humanístico.

Estas producciones constituyen un universo conceptual que proporciona una experiencia única. Sin embargo, el conjunto no es una yuxtaposición de obras, tampoco un relato único. Existen al menos tres ejes discursivos que se superponen y que permiten trazar conexiones entre las producciones artísticas y visibilizar unos aspectos por sobre otros.

A. MATERIA Y FORMA. La obra de bioarte y sus lógicas materiales.
Muchas de las propuestas que encontramos en la muestra pueden explicarse a través de la dialéctica entre control y descontrol, ubicándose en un extremo o en el otro, o en ambos, en función del momento de la obra; a veces, incluso, se encuentran en un espacio intermedio que no permite definir con claridad si lo que allí está pasando está controlado (¿por el artista?, ¿por la naturaleza?, ¿por las leyes de la física o de la biología?) o no.
La potencia del material, su capacidad de agencia, la vida en gerundio, se contrapone a la idea del material domesticado, cuyas formas son el resultado de la imposición, la vida en participio. ¿Son las formas de la obra voluntad de la materia?, ¿o responden al plan, a la voluntad y a la imposición del artista? ¿Son el resultado de la negociación entre el artista y la obra misma? ¿Existe una ética detrás de esa estética del control y del descontrol? La batalla de la materia en el bioarte se libra en el terreno del tiempo y del espacio.

B. TIEMPO. El cambio como rasgo del bioarte.
El binomio estático-móvil es una de las expresiones de la complejidad temporal del bioarte. Un binomio que simplifica la infinidad de estados sucesivos (pero no necesariamente lineales) por los que puede transitar una producción de (bio) arte. No es que cambie el espectador o el contexto, es que la obra lo hace, a menudo porque reacciona ante su presencia.
Se trata de la naturaleza como agente, como fuerza creadora, también desordenadora, en sintonía con el concepto de “materia vibrante”, propuesto por Jane Bennett, que revitaliza, a su vez, el concepto de élan vital de Bergson y, con él, la creencia en la espontaneidad de la naturaleza.

C. ESPACIO. El contexto como texto.
La obra de arte no se encuentra fuera del tiempo, pero tampoco fuera del espacio. El diálogo con el espacio, el lugar, el territorio, la define. El lugar no es neutro, sino discursivo. Las producciones de bioarte que cobran sentido en el marco de este eje narrativo se sitúan en el terreno pantanoso de la (des)contextualización.
Unas propuestas abordan, justamente, la idea de descontextualización, de separación, de aislamiento, de replicación de contextos: un desplazamiento material y espacial, que constituye también un desplazamiento conceptual. Otras propuestas, a veces incluso las mismas, apuntan a la codependencia entre la obra y el contexto (a menudo es imposible separarlos), teniendo en cuenta que los contextos son ecosistemas, pueden ser muy diversos y solaparse: ecosistemas biológicos, ecosistemas artísticos, ecosistemas sociales y políticos.

Galería de imágenes

Ph: Luis Migliavacca

Links:
Daniel Álvarez Olmedo
Agustín Bucari
Gabriel Cicuttin
Joaquín Fargas
Grupo Proyecto Untitled
Luciana Paoletti
Darío Sacco
Marina Zerbarini
Centro de Arte UNLP

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