Artista: Alberto Greco
Título: La mala letra. Papeles de Alberto Greco
Curaduría: Fernando Davis
Dónde: Del Infinito
Fechas: 04 de abril a mediados de junio 2019
Texto, galería de imágenes y links
En su fugaz carrera, Alberto Greco (1931, Buenos Aires, Argentina 1965, Barcelona, España) se desarrolló en distintos campos creativos como la pintura, el dibujo, la poesía y la literatura, hacia una línea de investigación conceptual en la que se destaca la creación de un movimiento unipersonal al que él mismo denominó Vivo-Dito o Arte Vivo. Toda la producción de Greco juega con la división arte-vida y reivindica la actitud vital del artista en la significación de la obra de arte, concebida como proceso, cuyo planteamiento radical anticipa los desarrollos artísticos que darán lugar a un cambio de paradigma en los años siguientes. Greco buscó la superación del espacio artístico como lenguaje y vehículo de representación. Experimentó nuevos medios expresivos que planteaban la disolución de la pintura, llevando las obras al límite de su concreción física.
En 1950 escribió Fiesta, publicación artesanal de un pequeño libro de poesías, cuya tirada fue de 153 ejemplares. En 1954 viajó a Europa, y en 1955 presentó su primera exposición individual en la galería La Roue de París. En 1958, a los 27 años, luego de haber itinerado entre Buenos Aires, Brasil, Europa y Nueva York, fue invitado a realizar una gran exposición individual en el Museo de Arte Moderno de San Pablo, para la cual produjo las obras en un día. Greco mostró placas metálicas oxidadas y un papel de 10 metros de largo al que le había
arrojado huevos llenos de tinta.
Si bien es considerado uno de los pioneros del Informalismo en América Latina, habiéndo participado de la primera exposición del grupo argentino en 1959, Greco desarrolló diversos y variados conceptos que lo llevaron a transformarse drásticamente en cuanto a estética e intención en la obra de arte.
En 1961, inauguró su última muestra de pinturas en Buenos Aires, en la galería Pizarro con su serie Las Monjas, donde puso de manifiesto su posición con respecto a la pintura, convertida para él en una teoría sobre la vida. También llevó a cabo Alberto Greco, ¡Qué grande sos!, la primer performance e intervención pública que el artista desarrolló en el país, inundando las calles del centro de la ciudad por medio de afiches que aclamaban “Greco, el pintor informalista más grande de América” y “Alberto Greco ¡Qué grande sos!”, apropiación de un verso de la entonces prohibida Marcha Peronista. Es una de las primeras acciones de este estilo realizadas en América Latina, registrada por el fotógrafo Sameer Makarius (1924, El Cairo, Egipto – 2009, Buenos Aires, Argentina). Un antecedente de los Vivo-Dito que realizaría posteriormente y que marcarían un quiebre en su carrera.
Greco amplió el campo del arte y lo involucró íntimamente con la vida. Los afiches, resueltos sólo con sentencias discursivas y en un formato publicitario, funcionaron como iniciadores de las prácticas conceptuales en el arte, cuyas manifestaciones prosperaron hacia mediados de la década de 1960.
Greco hombre y Greco artista se hacen uno. Lo desarrollado en su etapa informalista, en la cual incorporaba fluidos de su propio cuerpo en la pintura o acentuando el gesto de la pincelada, imbuyéndolas de existencia al exponerlos a las inclemencias del clima, ahora cobra un sentido más profundo, ya que tanto él como el universo que lo rodea se convierten en la obra de arte por excelencia. De esta manera, Greco se auto proclama, a él artista, y a su vida obra de arte.
En 1962 se instaló en París, donde realizó la Primera Exposición de Arte Vivo, firmando y señalando personas. Por otro lado, en Génova publicó en italiano el Manifesto Dito dell´Arte Vivo. El segundo manifiesto lo escribió en castellano en 1963 en España. El arte Vivo-Dito es entendido por el artista como …la aventura de lo real, el documento urgente, el contacto directo y total con las cosas, los lugares, las gentes, creando situaciones, lo imprevisto. Es mostrar y encontrar el objeto en su propio lugar.
Durante 1963 desarrolló varias performances Vivo-Dito, como por ejemplo Viaje de pie en el metro de Sol a Lavapiés en Madrid y fabricó el Gran Manifiesto-Rollo del Arte Vivo-Dito por medio del cual llevó a cabo una de sus acciones más emblemáticas: Alberto Greco en Piedralaves, en Ávila, España. La serie completa de treinta fotos sacadas por Montserrat Santamaría ilustran a Greco señalando a personas, animales y situaciones. En el ámbito internacional, la irrupción de estos Vivo-Dito coincidió con un interés por la desmaterialización del arte en términos generales. Históricamente, son interpretadas como un conjunto de acciones precursoras del conceptualismo latinoamericano.
Uno de los medios predilectos de Greco fue el dibujo, que realizó continuamente de manera impulsiva, dejando su alma sobre el papel e incluyendo palabras superpuestas, fechas e información encriptada. Aparentemente caóticas y desordenadas no parecen tener una dirección determinada ni un relato marcado. Algunos de sus amigos, testigos de sus procesos, afirman que era arrastrado a otra dimensión, y muchas veces no recordaba lo que había hecho.
En estos trabajos Greco lo vuelca todo, y por medio de la línea, la mancha y la palabra nos introduce en su universo, dominado por grafismos, gestos espontáneos y descontrolados. En las obras aparecen ideas, números, recetas gastronómicas, mensajes, fantasías y sueños, como si se tratara de fragmentos de su diario personal.
En 1964, expuso en la galería Juana Mordó en Madrid y regresó a Buenos Aires donde presentó su experiencia de Arte Vivo Mi Madrid Querido en la galería Bonino con la colaboración del bailarín Antonio Gades. En 1965, se instaló en Barcelona, donde escribió Besos Brujos, una obra literaria plástico-performática, considerada una de sus piezas más emblemáticas.
La muerte lo encontró en un hotel de la ciudad catalana en octubre de ese mismo año, luego de una letal ingesta de barbitúricos; sobre las palmas de sus dos manos había escrito la palabra FIN, acto último de su poética existencia.
Todo lo que Greco hizo, cada manifestación acerca de su entendimiento del universo, fue transformado en obra de arte, incluso su muerte. Su carrera fue efímera, pero cambió el curso del arte contemporáneo en muchos sentidos. En 1991, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) organizó la mayor muestra dedicada a Greco, con la curaduría del crítico español Francisco Rivas, exhibiéndose un año más tarde en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina.
La mala letra. Papeles de Alberto Greco
En los dibujos que realizó en Madrid y Piedralaves entre 1963 y 1964, Alberto Greco combinó fragmentos y restos heterogéneos de imágenes y textos que involucran y hacen pulsar temporalidades antagónicas. Concibió sus obras, en palabras de Antonio Saura, como “un diario de adiciones y de superposiciones, como obedeciendo a un sismógrafo interior”.1 El trazo de tinta prolifera en estos dibujos en apretados grafismos que se anudan, por momentos, en letra ilegible y rabiosa, en texto indescifrable. Deviene escritura manuscrita, mancha, huella, tachadura, garabato. La “mala letra” traiciona la correcta caligrafía que se moldea a través de toda una pedagogía disciplinaria del cuerpo y de la mano. Una mala escritura cuyo flujo -inconstante, torcido- obedece a las intensidades del cuerpo, a la experiencia de la deriva en la ciudad.
Los personajes de las obras de Greco cruzan lo teratológico y lo pornográfico. El cuerpo, abierto, se muestra a la vez como penetrable y penetrante, en imágenes que remiten a los grafitis obscenos de las paredes de los baños públicos, lugares de “levante” homosexual que Greco frecuentaba y firmaba, como refiere en una sintética cronología de sus acciones de arte vivo incluida en su Gran manifiesto-rollo arte Vivo-Dito. Greco “mancha” el dibujo con el tráfico indecoroso de los signos de una sexualidad promiscua y sancionada como vergonzante, que se negocia en la semiclandestinidad del baño. “Dandy lumpen”, como lo llamó Diego Trerotola,2 y flâneur puto, Greco hace del deambular en la ciudad, de la errancia del cuerpo que descentra los órdenes disciplinarios del trazado urbano en el tiempo “perdido” del callejeo, una estrategia que atraviesa su obra. El collage y el montaje interrumpen la continuidad del dibujo con las marcas de la deriva en la ciudad, espaciando el texto y la imagen. Greco introduce múltiples referencias a la publicidad urbana y a la prensa gráfica, a la cultura popular y a medios masivos como el cómic, la novela romántica o el cine: letras de tangos o pasodobles, referencias a los hermanos Marx o a personajes de dibujos animados, junto con fragmentos de conversaciones o relatos de sus andanzas en la urbe y tipografías que remiten a los letreros de publicidad en muros y escaparates de tiendas.
La escritura diagrama un dispositivo nómade que trafica y descentra registros e intensidades de la palabra que pasan de la narración ficcional al relato autobiográfico, de la poesía a la conversación, de la carta al manifiesto. Sus textos tienden al exceso y a la desmesura, al melodrama y al camp, a la anécdota escatológica y al relato fuera de lugar. Greco dispersó la escritura en sus dibujos, donde incluyó anotaciones e ideas en proceso que en algunos casos pueden leerse en diálogo con sus textos literarios. Como soportes utilizó rollos, cuadernos, blocs. En Madrid, en 1963, escribió su “relato policial” Guillotine murió guillotinado en un bloc, entrecruzando la ficción con referencias biográficas. Los personajes del texto son las personas con las que convivía o a las que frecuentaba cotidianamente.3 Guillotine toma como punto de partida el magnicidio del presidente estadounidense J. F. Kennedy en noviembre de 1963 -episodio en torno al cual Greco produjo una serie de pinturas y collages- así como la referencia al asesinato de su asesino, Lee Harvey Oswald, mientras era trasladado a prisión. En los apuntes del relato policial de Greco, el personaje de Alberto quiere matar a Torrente, pero es este quien lo asesina de un disparo en una escena que resulta televisada, superpuesta a la noticia del asesinato de Oswald. Es posible aproximarse a Guillotine desde el procedimiento de montaje con que Greco compone sus dibujos. El collage introduce cortes y discontinuidades en la escritura, la trama se demora entre anécdotas de las andanzas de Greco en Madrid, diálogos por momentos absurdos y referencias al mismo proceso de escritura del texto en el que está trabajando. Hacia el final, en una conversación con Brigitte, Alberto se queja de su dificultad para concluir su relato:
Guillotín soy yo…
Al fin Gonzalo ha insistido tanto en que termines el cuento, que acabarás muriendo.
-Pero…no es él el que va a morir?
-Claro.
-Pero ¿cómo se lo mata? ¡Estoy harto! El día que llegué a esta casa ¿Te acuerdas Brigitte? […] le dije a Gonzalo quiero escribir un cuento policial y tu harás la ilustración antes de leerlo… entonces yo subí a mi cuarto. ¡No puedo más me harta escribir! Y empecé a escribir sin saber que poner lo que yo sentía en ese momento… tratando de agregar elementos policíacos… la verdad es que nunca leí un cuento los de Gonzalo ni los de nadie ni una novela policíaca o de suspenso. Se que el mejor es Simenon pero nunca lo leí… lo ojeé algo en casa de Doña Maura y nadas [sic] mas… […] Estaba bien hecho pero no lo seguí, me es imposible concentrarme…
Durante el verano español de 1963, Greco pasó una temporada en Piedralaves, localidad situada en la provincia de Ávila. “Villa Grequissimo” o “el Grequissimo Piedralaves”, como solía llamar al lugar, fue el escenario en el que realizó una serie de vivo-dito que fue documentada por la fotógrafa Montserrat Santamaría. Greco había iniciado sus acciones de arte vivo en 1962, en las calles de París, señalando y firmando personas, objetos y situaciones con un círculo de tiza. De paso por la ciudad de Génova, en julio de ese mismo año, acuñó el concepto de vivo-dito y empapeló varios muros con un afiche, impreso en italiano, con su “Manifiesto Dito dell’Arte Vivo”: “El arte vivo es la aventura de lo real. El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle […] Deberíamos meternos en contacto directo con los elementos vivos de nuestra realidad: movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, rumores, lugares, situaciones”. Greco multiplicó el gesto insubordinado del vivo-dito en cada ciudad que visitó, en Roma, Madrid, Buenos Aires, Nueva York. En Piedralaves también confeccionó su Gran manifiesto-rollo arte Vivo-Dito, un extenso rollo de papel de cerca de 300 metros de largo por 10 centímetros de ancho, que desplegó en las calles en diferentes señalamientos, en ocasiones con la colaboración de la gente del lugar. Como en los dibujos que realizó entonces, el Gran manifiestorollo, que Greco fue interviniendo y escribiendo con el discurrir de sus acciones en Piedralaves, combina el collage de fotografías e imágenes publicitarias, dibujos en tinta, letras de tango, relatos autobiográficos, anotaciones sobre el Vivo- Dito y fragmentos de cartas y conversaciones. Uno de sus textos anuncia: “Greco aclara y explica su actuación en Cristo 63 / Tómbolas / Tangos / Crimen / Historietas / Recetas / Correspondencia familiar”.
La referencia a las tómbolas está presente en varias obras. Greco era un entusiasta y asiduo participante de los juegos de tómbola de las ferias populares de Madrid y Piedralaves e inspirado en ellas proyectó en 1963 una exposición, que nunca llegó a concretar. Recortó algunos de sus dibujos y colocó los fragmentos en sobres de papel. En el frente, escribió diferentes leyendas que, como en las rifas y tómbolas populares, anunciaban un contenido “sorpresa”: “Siempre con la noticia de último momento le informará Greco. Revise su interior”, “Cada sobre con un recuerdo firmado”, “Toda su familia lo envidiará por tener este Greco legítimo”, “Sobre sorpresa. Revise su
interior”. Greco pretendía convertir su exposición en una tómbola, afectando los órdenes institucionales del arte con las dinámicas de la calle y la feria popular.4
La tómbola también se encuentra aludida en los números que Greco dibujó en sus tintas y collages de 1963 y 1964. Greco parece componer sus dibujos por episodios, como si se trataran del borrador de una novela, pero también como las páginas desordenadas de una libreta de notas.
Como en sus blocs de apuntes, los dibujos de Greco registran un temblor de la escritura que se garabatea con el cuerpo. Sus obras son también constelaciones, cartografías erráticas, mapas secretos para deambular por la ciudad.
Fernando Davis
1 Antonio Saura, “Glosa con cuatro recuerdos”, Greco, Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1992, p. 19.
2 Diego Trerotola, “El pintor de los baños”, Página/12, Suplemento Soy, 29 de julio de 2011.
3 Su amigo Adolfo Estrada, Ada Barrier y su esposo Carlos Mazar, Doña Maura, propietaria de la casa de Piedralaves donde Greco se estableció una temporada, Manolito, mozo del café Gijón, Gonzalo Torrente Malvido (hijo) y su esposa Brigitte, entre otros.
4 Agradezco a Paula Pellejero por compartir su investigación sobre este poco conocido proyecto de Greco.
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