Juan Sebastián Bruno

Artista: Juan Sebastián Bruno
Dónde: Pasto
Fechas: 2 de mayo al 29 de junio de 2019

Texto, galería de imágenes y links

Desplegado en la galería PASTO, el trabajo de Juan Sebastián Bruno evoca esa camaradería de los objetos con la que soñó alguna vez la vanguardia rusa: áreas racionalizadas y transparentes, herramientas que moldean a sus usuarios, idiomas morfológicamente depurados. Algo de ese imaginario revisa Bruno: tres mesas de distintos tamaños donde descansan pequeños volúmenes geométricos, un grupo de estantes en los que se apoyan otras piezas pequeñas, como hallazgos seriados, y sobre las paredes una pintura monocroma y una estructura bidimensional en forma de escalera que componen un espacio que oscila entre las dinámicas del escritorio y el estudio, y el imaginario laboral del tablero de proyectista.

Bruno diagrama esta comunidad por vía de una atenuación generalizada. Neutraliza los materiales con los que trabaja a partir de un uso disciplinado de los colores. Gracias a la aplicación del esmalte sintético resalta las formas y las relaciones entre ellas reduciendo la intensidad y singularidad de cada una de las piezas. De este modo, toda la gramática constructivista de la instalación (que cita ostensiblemente al Worker´s Club que Alexander Rodchenko presentó en 1925 en la Exposición Universal de Artes Decorativas y Arte Industrial Moderno en París) replica el gesto que la inspira: sustrae a los objetos del circuito del valor. Sin embargo, así como se rehúsa al arquetipo mercantil de la obra, estática, fetichizada, ornamental, en suma, decididamente falsa; tampoco repite el contramodelo funcionalista: las piezas aparecen ajenas al mundo del uso, de la plenitud de lo concreto y lo herramental, y por lo tanto, de lo verdadero. Por lo contrario, Bruno se detiene en los objetos, los abstrae en estilos y los esquematiza en maquetas, los traduce a la retórica higiénica del diseño. La operación parecería querer revertirlos a un estado ni utilitario, ni decorativo, más bien virtual, una operación por la que el circuito del que son extraídos es el de la semántica, el de la narración, el de la producción de sentido. Para reinsertarlos entonces, dentro de un proceso que fluctúa entre la proyección y sus efectos materiales, en el que sus elementos funcionan menos como unidades de una colección que como fuerzas y vectores que se congregan recíprocamente y que no se pueden separar.

En suma, Bruno imagina un lenguaje no para contarse a sí mismo, sino para dar cuenta de una fenomenología personal, un juego de repetición y diferencia de elementos como si estos formaran parte de un código cuyos sentidos parecen desplazarse infinitamente entre variaciones de volúmenes, de geometrías y de tamaños. Así extiende la lógica lúdica y delicada de su universo arquitectónico a favor de que el conjunto se acerque a su dimensión ideática, donde las cosas tienden a adherirse al pensamiento que las proyectó.

Barbara Golubicki

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