El fuego solo existe mientras se apodera de otras superficies. Alberto Antonio Romero, Mauricio Poblete, Maruki Nowacki, Ulises Mazzucca, Patricio Lanusse, Denise Groesman

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Artistas: Alberto Antonio Romero, Mauricio Poblete, Maruki Nowacki, Ulises Mazzucca, Patricio Lanusse, Denise Groesman
Título: El fuego solo existe mientras se apodera de otras superficies
Curaduría: Patricio Lanusse
Dónde: Roseti 202
Fechas: 10 a 24 de agosto de 2019

Texto, galería de imágenes y links

Escribo este texto para pensar cómo llamar a la muestra. Son ideas sueltas e imágenes inconexas, como piezas que no encajan.

Tuve dos sueños, uno con Denise y otro con Ulises.

El sueño con Denise era extraño. Denise estaba semi-desnuda caminando entre árboles. La sensación como de mirar una flor de alcaucil; flor un poco moustrosa, por afuera pétalos que son escamas de reptil, por dentro estambres que son suaves como cerdas de pincel de maquillaje. De repente yo tenía las manos como haciendo sopita, pero en lugar de líquido en las manos tenia tierra negra y húmeda…y ahora eso era Denise. Ahora mi semen estaba sobre esa tierra y eso se transformaba en un niño recién nacido, un bebe que era golem de barro.

Segundo sueño. Estoy parado en un espacio amplio y vacío, sin objetos ni personas. Ulises viene caminando. Es él pero a la vez es un chico, un niño y un adulto; todo simultáneamente. Me cruza por al lado pero no me ve, pasa como ido…está mirando algo en su horizonte interno, tiene la mirada fija ahí. De repente noto que tiene el cuerpo prendido fuego, parece ese personaje de la tapa del disco de Pink Floyd. Camina pero su cuerpo no arde, es una llama que no quema. Sé que a él no lo quema pero si yo intentara tocarlo ardería.

Esta imagen me recuerda a una parábola bíblica cuando Dios le pide a Moisés que organice al pueblo judío para escapar de la esclavitud de los egipcios. En esa parábola Moisés está en el desierto y ve un arbusto prendido fuego, se acerca pero el arbusto envuelto en llamas no arde -el fuego no consume al arbusto-. Mientras Moisés asustado mira las llamas escucha la voz de Dios que le dice ahora no tengas miedo, y descálzate por que estas sobre tierra sagrada. Y luego Dios le pide a Moisés que organice al pueblo judío para escapar de Egipto.

Esa parábola bíblica se llama La zarza ardiente; la zarza es una especie de arbusto. Esta imagen bellísima -un objeto encendido que no arde- resuena con un poema de Maruki que dice así: Me impresiona que el fuego solo exista mientras se apodera de otras superficies. Creo que esta frase impresiona porque vuelve visible algo evidente que permanece oculto. Como esa analogía que hace Lucrecia Martel entre una sala de cine y el estar metido bajo una pileta de agua; en ambos casos nos envuelven materialidades que nos conectan -en una el agua y en la otra el aire-.
¿Es posible pensar un fuego que para existir no necesite consumir materia? El gas metano es una respuesta, abro la hornalla y no hay superficie consumida. Pero me refiero a otra cosa, me refiero a la materialidad con la que están hechas las obras que construimos. No en un sentido concreto, sino más bien a la materialidad psíquica que usamos para construirlas. Es decir… ¿qué parte nuestra se consume cuando hacemos una obra…cual es la materia que arde?
Supongo que algo de esa materialidad tiene que ver con nuestros miedos y deseos, también con nuestra bronca y nuestro odio. Odio por heridas que nos parecen injustas y por las cuales queremos vengarnos, hacer justicia…armarnos un paisaje donde podamos vivir mejor.

Maruki se me presenta como un oráculo flotante; las manos sobre la esfera de luz como en la pintura grande que existió en UV. Es decir, esos vestido etéreos son una estrategia de defensa ¿Qué tipo de cuerpo puede ser capturado si al momento de aprehenderlo ese cuerpo se desvanece y se vuelve aire? Algo en relación a la capacidad de volverse lábil e inaprensible. Una estrategia de fuga cuando aparece el depredador, como un dibujo hecho de humo.
Creo que la palabra fuego debería estar en el título.

Ahora bien…existe una presión para que todo se vuelva visible y explicado, como si fuera conveniente revelarlo todo, pero la opacidad también funciona como defensa. Hay unas charlas de Segato en las que cuenta como unos pueblos originarios que se suponían exterminados ahora se revela que no, que esas comunidades aún permanecen. Segato cuenta como con los últimos gobiernos progresistas estas comunidades se dieron parcialmente a la luz y cuenta que hicieron ese movimiento únicamente para tomar los beneficios que el Estado estaba ahora ofreciendo. La comunidad abre la puerta, saca la mano para tomar lo que el Estado ofrece pero luego vuelve a cerrar. Y es precisamente por permanecer puertas adentro, dice Segato, que esa comunidad logro sobrevivir 500 años de colonia…por entender que esta nueva República fundada no era más que una extensión y reproducción de la colonia previa. Salir de la opacidad para ellos era exponerse a un depredador que aún no estaba retirado, sino apenas simplemente transfigurado.

¿Qué tiene que ver esto con la propuesta de Poblete? En principio había pensado que elegir el sótano era un lugar muy acertado para poner su obra, porque los cimientos de todas las casas argentinas de principios del siglo xx tienen en su sótano energético ceremonias como esta del día de los muertos y sus guaguas de pan. Estas casas -como entidad cultural- solo pueden existir porque arrasaron con lo previo. Y si su razón de estar implantadas en este territorio no es más que garantizar materias primas para el abastecimiento del centro…y si la situación no es más que una extensión transfigurada de la colonia…me pregunto entonces por la estrategia de la opacidad. ¿En qué medida -cuando el enemigo es demasiado poderoso- exhibirse no es ponerse en un peligro definitivo?
El nombre que se me viene para la muestra ahora lleva la palabra estrategia y la palabra defensa. Pero me enoja porque es demasiado poco solo defenderse; quisiera ir por más.

Pienso en la obra de Alberto Romero; esta cuestión de los tejidos de macramé, los atrapa-sueños, los duendes patagónicos, el arte de feria hippie, etc. ¿Cuál es en definitiva la barrera que separa una obra de una artesanía? Parece que ese límite está dado exclusivamente por el acceso a ciertos bienes culturales -teorías, instituciones, viajes, etc.- y que este acceso parece estar muy determinado por la pertenencia o no de clase…a una cierta clase.
Hace unos días una amiga me decía que extrañaba Cuba. Argumentaba que allá no tenía plata y acá tampoco, pero sentía que allá podía hacer cosas…socializar, encontrarse y hablar. Y que acá no, porque la sociabilidad acá está demasiado ligada al consumo y que ella en este momento no tiene dinero. Mientras me hablaba note que ella no tenía conciencia que lo que ella consideraba aleatorio -es decir la clase de amistades que establece en CABA- note que ella no tenía registro de como esa aleatoriedad en verdad está fuertemente determinada por el acceso -o no- a los mismos bienes de consumo, instituciones y bienes culturales. Y ese acceso parece estar fuertemente determinado a la clase social a la que uno pertenece.

Por momentos pienso que la tensión que se da en este circuito no solamente se da por las envidias personales o las peleas por los recursos materiales. Sino que es un campo de batalla del lenguaje y que la disputa está dada porque ciertos lenguajes ocupan un lugar de poder y otros quedan excluidos. Y la tensión aparece porque esos lenguajes excluidos luchan por ingresar a un espacio de visibilidad que les es negado.

Muchas veces esos lenguajes excluidos logran ingresar a la luz pública solamente en términos de otredad; absorbidos como la curiosidad graciosa que acopia un gran señor en su despacho. Quizás esta estrategia sea peligrosa porque fosiliza la palabra, es penoso que el lenguaje ingrese solo como gesto irónico o cínico -o como curiosidad maliciosa-. Quizás fuera mejor si ingresara con el mismo valor que todos los otros lenguajes, porque esta forma de acceso -intuyo- es menos estridente pero más corrosiva, porque desactiva el sistema de significación previo. Porque parece ser que el acceso vía curiosidad solamente refuerza el sistema de valores previamente establecido, pero con la culpa lavada por haber iluminado lo otro.

Creo que la obra de Romero ronda estas cuestiones, y que lucha por entrar. Por eso la palabra defensa no me convence.

Retomando el poema de Maruki, noto que las superficies mentales que arden al momento de hacer obra son territorios tácitamente compartidos por quienes en esta muestra participan. En ese sentido quizás el nombre más apropiado sea:
El fuego solo existe mientras se apodera de otras superficies.

Parte del sistema en el que circulamos funciona con la misma lógica que cualquier otra mercancía. Novedad, entusiasmo y descarte. Ulises trae unas esculturas a esta muestra que fácilmente podrían entroncarse en el linaje que incluye a Heredia-D´Stefano-Bianchi-Nicanor Araoz. Sobrellevar el desafío que presenta ser artista novedad y evitar el círculo de consumo/descarte quizás implique trazar alianzas con fuerzas que no queden cegadas por el brillo de la novedad, que ya en su destello inicial se presenta como vieja.

La razón de este pensamiento surge por intuir que las fuerzas movidas únicamente por el deseo de novedad son las que impulsan el círculo de consumo y descarte. Y lo que subyace bajo ese ciclo es el intento de aplacar la angustia de muerte a la que todos nos vemos expuestos; y que la novedad en -tanto fenómeno- promete ilusoriamente aplacar. Por eso trazar alianzas con fuerzas que estén por fuera de esa lógica quizás sea fundamental para una artista que como Ulises quiera trabajar largamente; porque apoyarse únicamente en el ciclo de consumo implica entrar también rápidamente en el territorio del descarte.

Quizás en un giro similar se encuentra Denise Groesman. ¿Porque una artista después de presentar una obra como Animal Romántico, obra centrada en la estructura del yo individuo y los vínculos -con el perdón de la palabra- de la familia burguesa- decide volver a hacer su aparición trayendo una piezas/cover: un Laocoonte de El Greco revisitado a través de los ojos de Raquel Forner?

El tiempo de un artista parece partirse en tres: pasado, presente y futuro. El presente, su propia vida, el intento por entender como unx mismx se vincula con la cosa/mundo. El intento por modificar aquellas zonas que le resulten problemáticas. El pasado es la historia que modeló la sensibilidad que uno ejerce, y es en ese linaje de artistas es que uno tiene la posibilidad de apoyarse para pensar el tercer y último tiempo: futuro. La posibilidad de proyectarse hacia adelante y asumirse no como isla u objeto de consumo sino como eslabón de la historia de los humanxs. El Greco, Forner y Denise; carne semimuerta carne semiviva. Zombis pero gozosos, cuerpos lacerados sin padecimiento, mórbidos pero extrañamente placidos, siempre con un aire de regocijo.

Hace unos días termine de cursar un taller dictado por Florencia Montes Páez en el renovado centro CIA. Florencia, una especialista en humanidades que trabaja con personas en situación de calle, nos hizo leer a Butler, Jauretche y Guattari, entre otros. En un texto de Butler leímos sobre la idea de rostro que había elaborado previamente Emmanuel Lévinas. Este concepto habla de cuando reconocemos en el rostro del otro su vulnerabilidad, asumimos el deseo de matar que esa percepción nos genera y a continuación hacemos un acto de restricción, es decir no matamos. Mariela Scafati durante el taller después de leer textos tan desoladores al respecto del mundo preguntó: ¿qué hacer? Cuando salí de la anteúltima clase me vino una frase como cuando llega un tren: en la belleza no hay crueldad.

¿Es posible pensar que una obra funcione como agente corrosivo ubicándose en la belleza como potencia? Una pintura parece una capsula de lenguaje cerrado, una especie de hipótesis del mundo, y quizás ese sea su lugar más potente: como espacio de ficción. En la novela de Philip Dick El hombre en el castillo se plantea un mundo en donde los nazis ganaron la guerra. En ese mundo dominado por el fascismo existe un libro proscripto llamado La langosta se ha posado, cuyo argumento habla que el Eje perdió la guerra. Dick escribe una novela ucrónica y distópica en cuyo interior existe otra ficción, otra novela que desestabiliza el statu quo.

¿Es posible pensar que una ficción -cuyo lenguaje interno esté exento de crueldad- sea una forma de responder ese ¿qué hacer? que preguntó Mariela Scafati? ¿Un modo de actuar y de interceder en lo real accionando dentro del terreno específico donde uno está más preparado y tiene más herramientas para articular mundo? Estas son algunas ideas que estoy pensando pero no de forma programática.

En relación a las pinturas que presento, ahora que escribo sobre la belleza y la crueldad siento aprehensión y luego angustia. Se me aprieta la garganta recordando las veces que me vi reflejado en un espejo que no quisiera haberme visto. Sin embargo, hay una diferencia entre lo que uno quisiera que fuera su obra y lo finalmente que la obra es…esos son ámbitos separados. Uno puede equivocarse, pero eso no altera el deseo que se tiene de futuro. Por eso -recordando espejos que devuelven monstruos- quisiera que la forma cambie así como cambia la obra.
Y la forma cambia como la gota que orada la piedra, la insistencia es fundamental y el cambio es leve pero firme. La pintura como ámbito cerrado dentro de su historia/institución habilita el trabajo para insistir sobre la misma cosa, no corre el foco. Así… como quien ejerce la danza lleva el entrenamiento en el cuerpo aún incluso cuando hace las compras, así el trabajo de pintar y de pensar la imagen también acompaña a quien lo ejerce por fuera de ese campo específico. El cuero de un tigre, la piel de una cebra; no hace falta más que esas rayas para entender como ese animal habito el mundo. La pintura parece ofrecer una réplica de esa condición; piel silenciosa que delata los movimientos físicos y mentales del cuerpo que le dio existencia.

Pombo y Fontana o Yente y Liernur; estas parecen ser las fuerzas antitéticas fundamentales que articulan la segunda mitad del siglo xx a esta parte. Como encerradas en la celda de Puig, el revolucionario y la mariquita, el espacio público o la domesticidad de la casa, el acceso a los bienes de la alta cultura o a los bienes de la cultura popular, el ímpetu del deportista o el sosiego de la tejedora, la profesionalización o el amateurismo, el centro o los territorios de frontera, la lanza o la canasta del recolector, la mesura moderna o el acceso ilimitado al goce. Entre estas fuerzas busco una imagen porque intuyo que rescatando los mejores rasgos de cada una de estas fuerzas enfrentadas es que existe la posibilidad de una forma que sea otra y que sea distinta. Y veo en quienes me acompañan en esta muestra rasgos constitutivos de cada uno de esos linajes anteriores.

Patricio Lanusse

Agradecimientos a Florencia Rodríguez Giles, Javier Villa, Lilo Aja Spil, María Wolf, Goran y Leonardo Trombetta.

Galería de imágenes

Ph: Hernan Kacew, Santiago Ortí

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