Ana Sokol. Su primera retrospectiva

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Artista: Ana Sokol
Título: Ana Sokol. Su primera retrospectiva
Proyecto: Paola Vega
Dónde: Formosa
Fechas: 2 de julio a 11 de septiembre 2016

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Textos

“Ana Sokol, su primera retrospectiva” es parte de mi genealogía de obra que responde a la búsqueda de artistas mujeres olvidadas o desconocidas por la historiografía argentina.

Cuando comienzo a preguntar acerca de ella, los pocos que la conocían, me cuentan que fue peluquera, que tuvo cierto apogeo como artista en los sesenta, y que luego, lentamente fue desapareciendo. Sé que me brillaron los ojos cuando me iba a enterando de todo esto, y decidí armar una estrategia para pensarla desde lo contemporáneo.
Mi investigación comienza a partir de la documentación gráfica de los fascículos de “Argentina en el Arte” de Viscontea Editores, 1966. Allí se la ve fotografiada sonrientemente, con su delantal blanco, en su peluquería taller, detrás una gran cantidad de pinturas de diferentes tamaños, con imágenes variadas. Me hubiera gustado conocer ese lugar, conocerla a ella.

Ana Sokol fue parte de un grupo de artistas catalogados como “naive” que mostraron sus trabajos en la galería El Taller, dirigida por tres mujeres: Nina Rivero, Niní Gómez de Errázuriz y Leonor Vassena (que también era una artista). Esta galería quedaba muy cerca de su peluquería- taller, en las primeras cuadras de la calle 25 de Mayo. Durante los años sesenta y setenta cobró cierta notoriedad, era reconocida por algunos círculos artísticos porteños. Incluso de la mano de María Teresa Solá (una marchand reconocida de la época), ya comenzados los años ochenta se llegó a exhibir un trabajo de ella en la Galería Ruth Benzacar, en una muestra del Grupo Cándido López, del cual Solá era Directora. Durante 1985 le otorgan el primer lugar en el Premio Dándolo y Primi, Pintura Ingenua Argentina.

No sé bien en qué momento decido hacer una muestra con sus obras, pero creo que fue un resultado natural luego de investigar sobre ella y fascinarme con sus pinturas. Insertarla en el campo contemporáneo es el objetivo, para que se puedan ver sus obras y pensarlas en este nuevo contexto. Que se haga visible en la Historia y en el presente, que los más jóvenes la conozcan. Un señalamiento que integra una doble exclusión: por ser mujer y por ser parte del grupo de pintura naive, que en nuestro país nunca ha sido legitimado y se ha tomado como arte menor. Como dice María Teresa Solá “Las pinturas son buenas o son malas, no hay pinturas de arte menor o mayor, eso es ridículo”.

La investigación fue ardua y compleja, ya sea por su biografía y sobre la ubicación de las obras. Pregunté por las redes sociales, y aparecieron algunas piezas y personas que la conocieron. Los testimonios que entrevisté coinciden en describir la peluquería como un espacio pequeño, modesto y cuidado. También varias personas manifiestan su amabilidad y paciencia para conversar y responder preguntas de quienes la visitaban, no siempre esas personas eran compradores o clientes, sino a veces, tan sólo curiosos que entraban porque les llamaba la atención el lugar.

Me imagino que debería haber sido un local alucinante, repleto de sus pinturas coloridas con escenas fantasiosas, una mezcla de relatos religiosos, con retratos de personas, de animales, flores. ¿Cómo sería su vida? Dicen que estuvo casada, ¿Tuvo hijos? ¿Quiénes eran sus amigos? ¿Qué pasó con ella? Cientos de preguntas se me pasan por la cabeza, mientras tanto, Ana Sokol pasa a ser parte de mi cotidianeidad.

A partir de estas entrevistas de personas que la conocieron se construyó una red amorosa que dio sustento e impulso a esta obra (Ana Sokol. Su primera retrospectiva). Tanto fue así que hace tres meses, primero una amiga: Stefy Jaugust me llama para avisarme que vio una pintura de Ana Sokol en una casa de San Martín de los Andes y se acordó de mi pedido en las redes. Se entusiasmó con el proyecto y se ofreció a ayudarme de manera desinteresada. Al poco tiempo, otra gran amiga artista Francisca Bancalari, también entusiasmada, me ofrece ayuda. ¡Qué afortunada me sentí! Toda esta obra se asienta en un trabajo en colaboración y en equipo. Sin el compromiso y la generosidad de ambas, sin sus horas de trabajo dedicadas a esta aventura, esta muestra no hubiera sido posible.
También un agradecimiento especial a todos los dueños de las obras, algunos coleccionistas, otros que la han heredado de sus padres, otros artistas, que cedieron las pinturas para la muestra y se mostraron amables desde un principio, incluso mencionando a otros que pudiesen tener obras para que participen de la exhibición.
Con esta muestra se cumple una primera etapa de mi obra, la cual continuará con una publicación.

Paola Vega*
Buenos Aires, Invierno 2016.

Agradecimientos: Cristina Schiavi, Fernando Giesso, Ana Mujica Láinez, Alberto Passolini, Inés González Fraga, María Teresa Solá, Gumier Maier, Marcelo Pombo, Formosa galería, Erica Bohm, Guillermina Baiguera, Fernando Sucari, Leo Chiachio, Mariana Sissia, Beatriz López, María Moreno, y Valeria Balut, Máximo Pedraza, Marcela Paoloantonio.

En la peluquería de la calle 25 de mayo no se hacían peinados de peluquería. Nada de ruleros como cubanitos gigantes, ni de pinzas dentadas que hacían ondas a lo María Félix, ni pincitas pellizcadoras para marcar en forma de signo. Allí se iba a cortarse el cabello y cortarse el cabello es simplemente ponerle límite a la naturaleza. Ana Sokol les prolijaba las chuzas a los niños con el peinado taza, navaja en mano devolvía a los caballeros a la época de la colimba y a las señoras le rebanaba los florecidos.

En el medio de la sala, el inmenso sillón a pedal se parecía a la silla eléctrica . En las paredes no cabía nada que no fuera un cuadro: Ana Sokol había desalojado antiguos retratos ovales, bandejas grabadas, varillas de láminas escolares para enmarcar sus cuadros llamados naif.

Del pintor naif se dice que no sabe, en realidad no ha olvidado los recursos siempre geniales de la primera vez. Es más fácil esculpir un David que hacer que sea imposible saber si los platos de La última cena tienen servidos peces o si los peces son el diseño de los platos. ¿Una afirmación delirante? No. Prueben los académicos dislocar la pata de un gatito sobre otro gatito como hace Ana Sokol. O pintar los cascos de un caballo como si fueran chinelas . O dibujar un ojo de Cleopatra en una paloma. No les saldrá.

La perspectiva de Ana Sokol no es realista, es sentimental: las casas tienen el mismo tamaño de los niños, de los chanchitos , de las cigüeñas y de las flores. Las flores son hermanas de las estampadas en las pañoletas de Lisboa, de las golosinas de mazapán que se venden en los mercados de Budapest, de los cucharones de madera rusos.
Una vez Manuel Mujica Láínez le escribió un catálogo a Ana Sokol. No tenía ninguno de sus habituales ironías barrocas. Con amor le ofreció a Ana, el estilo austero de un crítico “serio”.

Paola Vega salió a juntar las obras de Ana Sokol discutiendo amablemente con coleccionistas, con instituciones, con amigos. La imaginamos con una espada de azúcar pintada por Ana Sokol.

La peluquera de la calle 25 de mayo sobrevivió al tifus, al desarraigo y al olvido con la persistencia de su rodete de campesina ucraniana, bien alto sobre la coronilla: aquí está.

María Moreno

Links:
Formosa

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